jueves, 22 de febrero de 2018

CAÍDA DE UN MITO

Se me ha caído un mito.  Y  para ser sincero, no me lo esperaba tratándose de tan ilustre personaje. La razón de este comentario viene originado por una información que leí días  atrás en  el suplemento de un  periódico de tirada nacional.  Dicha información hablaba sobre     la hija madrileña que tuvo  el insigne poeta chileno, Ricardo  Eliécer Neftalí  Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda ,  a  la cual abandonó y también tuvo la indecencia  de llamarla, entre otros vejatorios epítetos,  “vampiresa y un ser perfectamente ridículo”.   El motivo de esta vejación y de ser repudiada por su padre se debió a que la niña de nombre Malva Marina había nacido con hidrocefalia. Patología la cual consiste en un aumento anómalo del líquido en el cerebro y esto hace que el tamaño de la cabeza sea fuera de lo normal. Cuando el poeta dimensionó los efectos de tan grave enfermedad  su desilusión y sus problemas conyugales fueron patentes. Por esta  razón  decidió también  abandonar a la que por entonces era su mujer  y madre de la desdichada criatura, María Antonia Hagennar Vogelzang, -Maruca-   nativa de la isla de Java.  Una vez consumado  el abandono por  parte de este crápula, el ajetreo de su vida amorosa   fue una constante,      se dedicó a disfrutar de todos los privilegios concedidos merced a su glamurosa vida literaria y también   a cumplir con sus deberes  diplomáticos   y  su   compromiso intelectual  y político  con el Partido Comunista.  Como colofón   a su   desvergüenza, cuando a través del consulado chileno de Holanda, país  donde acabaron sobreviviendo madre e hija pasando hambre y todo tipo de  penurias,  le llegó la notificación por parte de la madre de la niña de que  había fallecido Malva Marina y le  pedía que se reuniera con ella, el silencio de Neruda fue  la respuesta. Esta breve síntesis que  he dejado aquí expuesta sobre la única y malograda descendiente que   tuvo el Premio Nobel chileno es parte de lo que narra en su primera novela la escritora holandesa,  Hagan Peeters. A pesar de haber transcurrido 84 años de este triste episodio, con su narración quiere rescatar del olvido esta tragedia y a su vez   desvelar el misterio de esta niña enferma de hidrocefalia   que fue ocultada y repudiada por su padre, el que   es considerado una de los más grandes poetas del universo literario.



 
( En esta imagen aparece la tumba de Malva Marina situada en el cementerio de Gouda (Holanda). Lejos del mar donde crece la flor de la Malva Marina)
 
 
Es obvio que escribir sobre un acontecimiento   que no se ha vivido ni conocido  personalmente y  del  que además  han transcurrido  más de ochenta  años puede resultar cuestionable. Pero es de suponer que esta escritora en su momento se   documentaría debidamente  a través de fuentes muy fiables   para que  resulte  lo más   verídico posible  todo  cuanto nos relata en su opera prima, a la que por cierto   tituló   "Malva". (Ed. Rey Naranjo)  Al margen de lo fidedigno o no que pueda resultarnos cuanto narra en su novela esta autora neerlandesa,  lo que para mí ha quedado  patente es que a raíz de  haber conocido  tan dramática historia  ha hecho que se me cayera un mito, tal como indico al principio. No creo que  vuelva  a tener el mismo concepto ni la misma  elogiosa consideración  que antes sobre la  obra de este genial poeta una vez que he conocido esta información.  Supongo que habrá quienes piensen que lo mejor de tan repugnante asunto   es pasar página y  tratar de quedarnos con su excelente obra, o su ideario, aunque seamos conscientes de que tras todo ello queda oculto falsedad y cinismo. Yo desde luego  no  estoy dispuesto  a pasar página alguna; como tampoco tengo  el más mínimo interés de que me siga  embaucado  literariamente con su doblez  por  todo el   asco y la desilusión  que me ha causado  este nauseabundo asunto. Resulta palmario que   como intelectual   es merecedor  de todo el reconocimiento literario que se le ha atribuido, pero en cambio como persona, por mi parte,  se merece  el mayor desprecio por abandonar sin la menor consideración ni escrúpulo  a su propia familia.  Precisamente él  que en apariencia  ha mostrado tanta sensibilidad  y generosidad en sus obras, donde  aflora el amor puro y magnánimo  en  su mayor plenitud. Lamentablemente por este espeluznante  episodio me temo que ahora en adelante  me va a resultar    todo un alarde de cinismo e hipocresía poética  sus “Cien sonetos de amor”, o sus   Veinte poemas de amor y una canción desesperada”…y cualquier otro poema o libro de su autoría   con temática amorosa.  Este personaje   será muy difícil    que   me pueda convencer de que  en algún momento fue capaz de amar  sabiendo de la conducta tan  miserable que mostró hacia su propia hija. Verdaderamente  la vida está llena de mitos con sus correspondientes mentiras y siempre resulta un placer, o una decepción, cuando desenmascaran a alguno de estos impresentables que a los que tenemos encumbrados en los altares.  Lo que no se si también  este deleznable  hecho puede dejar en entredicho su fidelidad y compromiso con el ideario comunista. Será algo que quedará supeditado a las fobias y  filias que suscite entre los adeptos y detractores  con el pertinente ideario. Pero estoy convencido que a más de una persona embelesada   tanto por su obra literaria  como por su dogma  comunista   les habrá debido producir  un sarpullido en la conciencia cuando se han enterado del comportamiento  tan perverso que tuvo hacia  su propia familia.   Es duro, pero esto sucede con frecuencia,  personas a las que admiramos como artistas o escritores, pero cuando descubrimos su vida privada comprobamos que no han estado a la altura de su propio mito debido a  las miserias humanas que ocultan.  Es lo que ha ocurrido en esta  ocasión con este genio     literario pero a la vez un auténtico monstruo. Es evidente que    la genialidad no está reñida con la perversidad. En mi opinión,  esta trágica historia es  un fiel reflejo  de las luces y las sombras que muestra el ser humano. Como al final   son nuestras acciones las que nos juzgan no nuestras palabras,  la axiomática maldad que lleva implícita su  acción,  el ilustre vate universal,  Ricardo Neftalí  Eliécer Reyes Basoalto,  con el seudónimo de Pablo Neruda, queda lo suficientemente retratado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 14 de febrero de 2018

ENAMORAMIENTO

 
 
Parece ser que  la fase  del  enamoramiento suele durar un máximo de cuatro años o en su defecto hasta que aparezca otra persona que nos despierte esa misma pasión romántica. Esto es lo que afirma Georgina Montemayor Flores, académica de la Facultad de medicina de la UNAM  de México. La verdad es que yo  desconocía el tiempo que podría durar esta eufórica sensación que en apariencia resulta eterna.  Pero  se ve que sólo es eterna mientras dura esta  especie de demencia  temporal, que en mi opinión  se hace necesario  entrar y salir de ella porque no creo yo que el cerebro pudiera resistir de forma perenne esta pasión desbocada imposible de embridar y que normalmente acaba siempre por volvernos   ciegos y sordos. Cuando estamos enamorados el sistema hormonal y psicológico entra  en un estado de enajenación y todo nuestro universo personal gira entorno al objetivo de su amor. Por tanto, nos hallamos inmersos   en una sinergia alucinante  en la cual vivimos por y para la persona que se ama. Podríamos perfectamente ponerla el mundo a sus pies sin importarnos un ardite  que el nuestro literalmente se derrumbara. Dicen los expertos en este asunto que cuando estamos enamorados se activan sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede pensar más  que  en    el amado de forma obsesivamente compulsiva.  Razón por la cual a veces quedamos obnubilados  y  con toda probabilidad terminamos evidenciando un comportamiento de lo más estúpido. Y es que cuando estamos viviendo tan eufórica afectividad,   tenemos tendencia a idealizar a la persona que amamos y a su  imagen tratamos de moldear como si de un trozo de arcilla se tratara, todo por conseguir  que se acomode a nuestras necesidades afectivas.   Luego sin en el devenir cotidiano no se aproxima a esa imagen concebida nos llevamos una gran decepción con consecuencias desagradables.   Es obvio que mientras se siga idealizando al amado, continuaremos experimentando el subidón espectacular y transitorio de las correspondientes hormonas   que nos proporcionan alegría pletórica.  Pero como ya he comentado con fecha de caducidad, porque una vez transcurrido ese tiempo científicamente comprobado,  este conjunto de hormonas dejan de estar activas. Por consiguiente se interrumpe esa atracción impulsiva   responsable de  que el  amor apasionado se asemeja a una droga muy aditiva, que entre otros efectos nada propicios, hace que disminuya nuestra productividad y se incremente la estupidez. 
 

 
 
Hasta las personas más brillantes acostumbran a perder la compostura cuando están enamorados.  Como se ve nadie se libra de esta demencia pasajera porque el amor  romántico puede  acabar siendo tan fuerte como el impulso de ingerir alimentos o como  tener sed. ¿Pero que ocurre cuando este afecto impulsivo como es el enamoramiento acaba  desapareciendo?  Puede que una vez se  difumine esa venda invisible que impedía ver  todas  las miserias que el amor muestra cara  a la cruda  realidad,  nos llevemos un enorme desengaño por el hecho de que a la persona que tanto estuvimos idealizando le habíamos atribuido cualidades excelentes de otra persona que en realidad no existían.   Este es el peligro  que se corre cuando ensalzamos al amado según le conviene a nuestra fantasía. También debemos reconocer que nunca se ama a una persona igual cuando comienza la relación que una vez que hayan transcurrido diez o veinte años. Al principio lo normal es que el conjunto de hormonas y sustancias químicas que ocupan el cerebro, y metafóricamente el corazón,  estén es su máxima  placidez enamoradiza,  luego con el transcurrir del tiempo por lógica tienden a disminuir y a evolucionar hacia un amor más sosegado y más auténtico. Como también más generoso el cual no permite la posesión del otro. No hay duda de que resulta bastante arduo y complejo pasar del enamoramiento al amor porque en el camino  van surgiendo infinidad de desilusiones y obstáculos que supondrán una prueba de fuego para consolidar el amor. A mi juicio   sentir por el amado una pasión frenética no requiere mucho esfuerzo, tan sólo dejarse llevar por los impulsos;  lo complicado viene cuando es preciso   indagar  en tu interior para saber si verdaderamente le quieres o no. Como es lógico la manera de amar evoluciona y es necesario adaptarse a su normativa para que una vez terminado el exaltado  enamoramiento la relación de pareja no  acabe rompiéndose por culpa de   lo que  antes creíste ver   maravilloso  ahora en cambio se te hace insoportable. La mayoría de veces el problema del desamor en una pareja viene precedido por el grado   de idealización  con que se ama a  la otra persona. Cuando ese grado de idealización es sublime se corre el riesgo de que la decepción sea grande y a consecuencia de ello    la  convivencia se haga imposible y termine de muy malas maneras. Está claro que si no logramos aceptar tanto  las virtudes como los defectos por igual de la persona que amamos y compartimos nuestra vida no seremos capaces de sostener felizmente una  relación en pareja y por tanto el amor acabará desapareciendo. Aconsejan evolucionar juntos porque no resulta nada positivo callar los desacuerdos por temor a lastimar al otro.   Y sobre todo lo que se debe  tener muy en cuenta es que en los pequeños detalles de la vida diaria es donde se fragua el verdadero amor.  Esta circunstancia es probable   que nos salve del  desamor y ya se sabe lo que el desafecto conlleva, sobre todo  si tras la ruptura queda resquemor: el odio y la vendetta están servidas.   Aunque también puede que  cuando el amor por principio nos hace perder la libertad y nos vuelve dependientes de otra persona, el desamor acaso nos libera.
 
 
 



jueves, 25 de enero de 2018

MENOS LOBOS, VILLALOBOS.

La carismática  diputada del Pepé y Presidenta de la Comisión del Pacto de Toledo, Celia Villalobos para más señas, con el estilo habitual que la caracteriza, días atrás vociferó  con gran jactancia   en un programa de Televisión que con sus 68 tacos de almanaque dice estar físicamente  divina de la muerte y que quiere jubilarse a los 80 años.  Así como lo oyen . Con un par.   No te fastidia  la tiparraca ésta,  con esos cargos de privilegio  que  ostenta cualquiera se apunta a currar hasta llegar a ser octogenario. No hay duda de que existen otras muchas más personas   de la misma opinión  porque casualmente como ella tienen trabajos privilegiados, que resultan cómodos, bien retribuidos y personalmente satisfactorios. ¿Con este chollo laboral quien va a querer jubilarse para luego perder prestigio social, lisonjas, prebendas, etc.?. Por supuesto que nadie está dispuesto a prescindir voluntariamente de esa vida tan atrayente. Pero por desgracia todos sabemos que ésta no es la realidad común. Como tampoco este tipo de individuos son el  espejo donde pueden mirarse los trabajadores con empleos normales y que   son retribuidos con exiguos salarios. Así que no venga ahora esta tiparraca que dispone de un enorme patrimonio y tiene una pensión de lujo garantizada  con estas sandeces de querer trabajar hasta cumplir los ochenta años para tratar de que sigamos su ejemplo. Que  le cuente esta milonga  a un currante que se pasa ocho horas, o las que tercien, encima de un andamio poniendo ladrillos a la intemperie  en pleno invierno. O a cualquiera desventurada trabajadora   del servicio doméstico que al final de su jornada acaba exhausta.  Estoy seguro ambos que la mandarían a la mierda, y con perdón.  Para esta clase de trabajadores no tengo ninguna duda de que les resulta una liberación cumplir los 67 tacos, jubilarse, con el fin de  cobrar la pensión y  poder vivir tranquilos; porque después de tantos años desempeñando una ocupación laboral nada gratificante y agotadora, no creo que les quede un cuerpo divino de la muerte, sino más bien para el desguace.  A mi juicio este desbarre verbal   de la Sra. Villalobos  es una ofensa para quienes tienen un trabajo de lo más normal y una retribución exigua.      Esta claro que  le falta delicadeza y sensibilidad cuando habla con esa displicencia de clase alta sobre este escabroso asunto. Al final lo que  pretenden todos estos politicastros  afines al gobierno  es que sigamos  trabajando cuantos más años mejor  a ver si  morimos antes y   evitarse pagarnos pensión alguna para que ellos sin problema y escrúpulo alguno puedan subirse todos los años esos sueldazos que trincan. Lo tienen bien estudiado los canallas. Desde luego que su presencia en el plató de televisión no ha dejado indiferente a nadie y  sobre todo al colectivo de pensionistas de todo el Estado cuando con actitud de "bocachancla" soltó unos cuantos incendiarios disparates que originó un grandísimo enfado y convulsión a los pensionistas.
Resultado de imagen de villalobos vociferando contra los pensionistas imagenes

( Aquí tenemos a la Sra. Celia Villalobos dormida y jugando al Candy Crush en el Congreso con su iPad. Todo un ejemplo de darnos esas lecciones de trabajo que tanto la gusta ofrecer)

 
Efectivamente su desbarre verbal  ha sido el centro de las iras de los jubilados que  estos días atrás se han manifestado delante del edificio del Congreso de los Diputados  para protestar contra el gobierno por  la vergonzosa y mísera subida  de sus pensiones. Para corroborar  que se trataba de una mierda la subida, portaban un lazo color  marrón.  Puede que  resulte una tanto escatológica la iniciativa  del lazo marrón, pero por otra parte lleva implícita esta decisión un axioma por el hecho de que no es de recibo de que suban la pensiones el mísero 0,25 y el IPC haya subido el 1,30.  Ante esta  injusta circunstancia que en mi opinión  es el origen de su  empobrecimiento crónico,  estoy convencido de que quienes cobran míseras  pensiones para poder hacer frente a los gastos que requiere cubrir las necesidades básicas tendrán que  hacer malabares de  auténtico “tiburón financiero” con los cálculos  de su economía doméstica, pero   seguro que  ni aún así conseguirán  llegar a fin de mes  holgadamente.  Resulta muy triste ver que  las personas mayores después  de haber  estado  cotizando toda su vida laboral se vean en esta dramática situación por culpa de tanto chorizo de guante blanco y  tanto sinvergüenza. También aprovechando la coyuntura catódica, la ínclita Sra. Villalobos, a la que la gusta echar gasolina al fuego para apagar incendios,  emitió un preocupante "aviso para navegantes" que iba destinado a los jóvenes y a los actuales trabajadores entre 40 y 50 años a los cuales advertía que sus pensiones públicas en el futuro no están aseguradas.  Me temo   que con el tiempo cada vez  estarán menos aseguradas  si toda esa chusma política continúa saqueando la hucha de las pensiones.   Pero no se preocupen que esta señora  ya  ha propuesto una esperpéntica solución   para  el cobro  de las pensiones en un futuro . La propuesta   no es  otra que  exhortar  a los jóvenes   que comiencen a ahorrar para su jubilación unos dos euros al mes, menos de los que cuesta una cajetilla de tabaco. Como se ve,  les está diciendo de forma sibilina  que  se vayan pensando en contratar  planes de pensiones privadas con los bancos.  ¿ Pero  qué leches de  contratos de este tipo  pueden hacer los jóvenes currantes  de hoy en día si la mayoría de ellos tienen trabajos precarios o temporales,  exiguamente reenumerados y con la incertidumbre de si podrán o no continuar trabajando el mes siguiente?.    Por otra parte, a mí personalmente me  causa  una tremenda indignación saber que  todos esos sujetos  a los que les han designado   pensiones vitalicias por haber estado unos pocos años desempeñando cargos políticos no van a tener ni el más mínimo problema en seguir cobrándolas en un futuro. Que  Porca miseria  es el  que   una  minoría selectiva y elitista haya nacido  con estrellas  y   esa  mayoría que somos el común de los mortales,   por obra y gracia de sujetos como la diputada de marras que gozan de un  status social de gran nivel nos hayan condenado a nacer   estrellados. Ante esta  terrible  situación vivida y sufrida, no nos queda más alternativa que rebelarse y denunciar todo aquello  que  siga resultándo  injusto y deleznable
 
 

sábado, 6 de enero de 2018

NEGLIGENCIA

 A finales de diciembre del pasado año apareció en los medios de comunicación una  sobrecogedora noticia que a mí personalmente  me causó   tristeza  e indignación.  Y no es para menos, cuando lees que una mujer de 64 años de nacionalidad rumana   fallece después de pasar 12 horas esperando sola en una camilla en la sala de urgencias del hospital San Juan de la Cruz de Úbeda (Jaén). ¿Cómo fue posible que  llevaran en camilla  a esta mujer mayor  al hospital  y nadie fuera  capaz de observarla durante todo este tiempo?  Desconozco cual es el protocolo que hay en  urgencias, pero desde luego lo que  no debiera faltar  es algún sanitario que haga revisiones a los pacientes que esperan su turno para que no ocurran casos como de esta índole.  Creo que   alrededor de  la tres de la madrugada y durante un cambio de turno  el cuerpo  de Aurelia, así se llamaba la infeliz, lo descubrió un celador cuando éste se dio cuenta que la  mujer ya  no respiraba.  Según cuentan,  esta mujer al no atender  a los requerimientos  por megafonía y de viva voz del personal sanitario dieron por hecho  que se había marchado. Excusas de los responsables del hospital a los que debía caérseles la cara de vergüenza.   Hay que ser un perfecto caradura y   auténtico negligente para estar convencido de  que    una mujer que ha sido    trasladada en camilla desde la residencia de mayores donde estaba ingresada al área de urgencias    pueda largarse  del hospital sin más.    A otra que también debería caérsele   la cara de vergüenza y no salir impune de este trágico suceso es la auxiliar de  la residencia donde se encontraba esta mujer  ingresada por haberla dejado sola   en el área de urgencia del hospital en tan lamentable estado.  Es obvio que    la  auxiliar   se  limitó lisa y llanamente  a cumplir el protocolo de la residencia,     despreocupándose de concederle cualquier     gesto humanitario,  como hubiera sido el de esperar a que algún familiar se incorporara junto a aquella mujer  seriamente enferma.  Su falta de empatía  hizo que quedara abandonada a su suerte. Un abandono y olvido  que se prolongó durante doce horas de sufrimiento y que concluyó en el momento que llegó su muerte   en la más  terrible soledad y olvido. Por otra parte, ¿no habría dentro del personal sanitario alguien  con dos dedos de frente para sospechar  de que si la  paciente  hacia caso omiso  a los requerimientos  pudiera deberse a  que no se encontraba en condiciones de atenderlos? Es de suponer que conocerían sobradamente en que grave  situación   acudió a urgencias, por eso es inaceptable creer que  se hubiera marchado. Aunque desgraciadamente se ve que sí que se lo creyeron y ocurrió el trágico desenlace. En mi opinión tanto el personal sanitario   como  la auxiliar de la residencia por su palmaria negligencia son responsables  del fallecimiento de esta persona, aunque   estoy seguro que no habrá condena  alguna para ninguno de ellos.  Lo último que leí sobre este caso, es que estaba bajo investigación judicial   para determinar el por qué   esta mujer  estuvo tantas horas sin ser atendida o cual fue  la causa de su fallecimiento. Me temo que  al final como de costumbre ocurre en estos casos donde ha habido mala praxis por parte de los correspondientes profesionales sanitarios, que  debido a    la protección  del poder político y judicial con que cuentan las instituciones que integran,  lo normal es que todos acaben impunes.   Y si no al tiempo.
 
 
 
 
(Toda negligencia médica siempre tendrá que enfrentarse  a  la indignación popular)

Desconozco si al final  quedará o no todo este asunto en agua de borrajas una vez que concluya   en los juzgados, en cambio lo que es una palmaria   realidad es que  una persona ha fallecido en causas aterradoras y eso ha originado una indignación generalizada entre la opinión pública.  Como también deja bien a las claras el modus operandi de  la Sanidad  en España, a la  que por  cierto, por intereses espurios la chusma política cuando tienen la oportunidad de hacerlo  se jacta en encumbrarla para presumir de ella  y a mi juicio en este patético caso resulta de auténtico tercermundismo. No cabe la menor duda de que el motivo por el que a veces la atención sanitaria española resulte tercermundista  se debe  a los recortes  que ha aplicado el Gobierno de Rajoy  al sistema sanitario de este atribulado  país. Esta permanente disposición  al  "pernicioso tijeretazo" conlleva      a que falten profesionales de la medicina con lo cual  es de prever que     la saturación en urgencias sea algo  habitual.   Pero este denunciable hecho no sirve de excusa para que ocurran dramáticos casos como el que aquí  traigo a colación.   Al margen, de  las antipopulares y dañinas medidas  que a lo largo de todos estos últimos años  el gobierno del Pepé  ha llevado a cabo contra la sanidad pública en España,   lo que quiero dejar constancia es que las situaciones que se dan como las que concierne al asunto del que hablo,  dan mucho que pensar y reflexionar acerca del por qué aparentemente nos estamos deshumanizando.  Parece que no sentimos ningún interés por la gente que se encuentra a nuestro alrededor. Y sobre todo si estamos absortos y aislados dentro  del universo táctil  de Smarfhone. Como forma habitual  nos mostramos con absoluta frialdad y  faltos de empatía. Lo que resulta muy   preocupante es que cada vez es más una realidad   la perdida de valores. Es evidente que esta alarmante situación donde  aparece de forma bastante  generalizada  la deshumanización,  quienes más se ven afectadas son las personas mayores. Por desgracia los ancianos cada vez están más solos y  como podéis comprobar a raíz de este lamentable asunto, las residencias donde suelen pasar la mayoría de ellos sus últimos años de vida,  la frialdad y la burocracia  desprovista la mayoría de veces de lo esencialmente humano, con que los atienden son un claro  síntoma de preocupación. Además tampoco les pueden garantizar una asistencia de calidad porque la mayoría de las residencias están muy justas del personal que profesionalmente los atiende.


prueba

viernes, 22 de diciembre de 2017

PESIMISMO


 

Según la  escritora y periodista uruguaya, aunque nacionalizada española,  Carmen Posadas, el pesimismo es un anatema en nuestros días y no sabe esta autora quien fue el responsable de convertir al optimismo en nuestra nueva religión laica. Tampoco yo conozco a ciencia cierta quien ha sido el  causante. Puede que  sea  alguno de estos sujetos que  con sus prédicas nos exhorta a que alcancemos la felicidad por imposición.  Lo que no tengo ni la menor  duda  es que hoy en día el pesimismo arrastra malísima reputación, lo mismo que resulta arduo obtener algún beneficio del mismo. Estoy convencido de que nunca han de llegar a buen puerto todos los proyectos personales que  planeemos    cuando avistemos la perspectiva de  la vida desde una actitud negativa.  Pero a veces por un sin fin de  circunstancias personales y sociales  nos vemos en la tesitura de ver y juzgar las cosas por el lado más desfavorable. Todo se debe en buena parte al desánimo que  se genera a consecuencia de nuestras propias frustraciones y prejuicios. Una cosa de lo más habitual  es que a menudo tratamos  de guardar las distancias con las personas pesimistas porque de alguna manera la filosofía negativa de la vida es contagiosa. En mi opinión, para nada nos seduce estar junto a  una persona que se ve invadida por  historias trágicas o asuntos de desamor, que dan pie a la angustia, el temor, el miedo, la muerte, etc. Es evidente que este tipo de individuos  acaban desarrollando problemas de tipo social y por consiguiente, las personas que le rodean terminan por cansarse o hastiarse de toda esa permanente negatividad con que orienta su devenir existencial, razón por la  cual salen pitando   de su lado y lo dejan  completamente sólo regodeándose en  sus “cuitas tóxicas”. No es de extrañar  que en esa traumática situación de soledad, su pesimismo  se haga irreversiblemente crónico. Por otra parte, el desánimo en infinidad de ocasiones surge de manera inevitable, debido a que  no nos es  suficiente  con el esfuerzo ni con la inteligencia para que nos salga bien todo cuanto tratamos de llevar a cabo.   En este hecho juega un papel muy determinante la realidad que uno vive y siente.  Y es que vivimos en un mundo que de costumbre trata de influirnos ánimos y  nos vende propuestas  maravillosas  donde hace que la vida nos resulte sublime.  Puede que para levantar nuestro alicaído estado anímico sean propuestas muy válidas y eficaces,  pero  me temo que éstas no son ciertas del todo.   La existencia no deja de ser caprichosa y azarosa, y la mayoría de veces se manifiesta bastante injusta.  Quien  está convencido de que es todo lo contrario  por vivir en un permanente  “cuento de hadas”,  no hay duda de que tarde o temprano acabará engrosando la lista de los infelices. Algo que no creo les   vaya a  ocurrir a quienes no esperan  que a menudo  les sorprenda  la vida gratamente para poder  llevarse una alegría más al cuerpo.  



 
En  mi opinión, aceptar la realidad no tiene porque convertirte en un pesimista. Resulta ésta una máxima que muchas personas no lo entienden.  No siempre se puede ser un irredento optimista obviando la realidad, que a día de  hoy  tal como se manifiesta crea desesperación.  Como ya he dicho, asumir lo que ocurre a nuestro alrededor, racionalizar las cosas  y mirar objetivamente los hechos no tiene por que tildarnos de pesimistas.  ¿A caso la situación social y económica a nivel global invita a que nos sintamos unos exacerbados optimistas? A mi juicio más bien todo lo contrario. Da claras señales de  incentivar el pesimismo . Por otra parte, creo que resulta oportuno sacar a colación una frase que  supongo la mayoría conoceréis y  a la que es habitual darle  un concepto   versátil, aunque intrínsecamente  su significado siempre se encamina hacia  un mismo fin.  La  frase a la que me refiero es la siguiente: “Un optimista es un pesimista mal informado”.  Resulta palmario que a la hora de enjuiciar  o valorar su idea conceptual  cada persona lo hará desde su particular punto de vista, con la subjetividad que este hecho conlleva. Quizá el optimista de forma interesada no quiera enterarse de   la realidad que vive  y esta sea la razón del por qué  su enfoque existencial está cargado de tanto optimismo.   Puede que así sea. Al final cada persona trata de alcanzar los momentos de felicidad con los argumentos y las entelequias  que tiene a mano o  más le convenzan.  Aunque, puestos a conjeturar,  también podría darse el caso contrario,  de que un pesimista es un optimista decepcionado de la realidad.  Son  muchas  las  suposiciones  y juicios de valor que al respecto se pueden hacer sobre esta máxima lapidaria. No me cabe la menor duda de que todo cuanto  se comente o se haga un juicio de valor sobre este asunto  tendrá su punto de acierto como también de equivocación,   pero el que acabe convertido en un axioma sus conclusión final, estoy plenamente  convencido de que nunca va a ocurrir.  Decía el ilustre filosofo  Arthur Schopenhauer, un irredento pesimista con sentido del humor, que “existe un error innato en la creencia de que hemos nacido para ser felices y quien persevere en esta idea tan absurda el mundo le parecerá injusto y lleno de contradicciones””.  ¿Quién puede negarle el acierto y las sensatas reflexiones que escribe  a este gran pesador alemán, si la mayoría de sus frases sientan cátedra? Yo desde luego que no seré el que se lo niegue. Es más, me reafirmo categóricamente en el enunciado de esta frase, cuya dicción  final me parece auténtico caldo de cultivo para  el pesimismo. Queda claro, que  no debiéramos  esperar mucho de la felicidad, ni tampoco dejarnos guiar psicológicamente por un exacerbado optimismo, para no ser un sempiterno infeliz.. Como un desiderátum se muestras la mayoría de veces lograr la felicidad, en estos tiempos con notoria tendencia a ese  nihilismo existencial  que hace creernos, equívocos o no, que somos muy  desdichados  mientras que el resto de la humanidad vive feliz en su particular mundo de jauja.

prueba

lunes, 4 de diciembre de 2017

ACERCÁNDONOS A LA NAVIDAD

 
 
                                                                                        
De nuevo otro año más  inmersos en los preparativos navideños.  Aunque la verdad, se trata de unos preparativos que  llevan un tiempo considerable  pergeñándose    por  esa absurda manía  que  tienen algunas personas en hacer que cada vez sea más prematuro  poner en marcha toda esta parafernalia vinculada  a la Navidad. Para certificar tal circunstancia, sólo es cuestión de acercarse a cualquiera de los grandes centros comerciales y ver in situ que a principios de noviembre, incluso antes, ya empieza a funcionar ese merchandising que invita a comprar  todo tipo de productos que se consumen típicamente   por estas fiestas. Desde luego que se dan prisa de leches en adelantarla con fines lucrativos,  claro está.  Pero no nos engañemos y asumamos el que hemos renunciado al espíritu  de la navidad  para convertirlo en mercancía de consumo. Por supuesto que el significado intrínseco de la Navidad  debiera ser otro. Tal como lo percibimos durante la infancia, cuando tanto  su esencia como su pureza nos son mostradas en toda  su  plenitud; sin atisbo de mácula alguna. Pero es evidente que al ir  haciéndonos mayores por multitud de razones vamos desengañándonos y esto conlleva a que    miremos con incredulidad todo cuanto es representativo de  la actual  estética navideña. Una suspicacia que       nos hace concebir la idea de que todo    cuanto lleva el marchamo de las fiestas navideñas no es más  que  ese consumismo compulsivo  que tanto incentiva esta sociedad  mercantilizada de la cual formamos parte de ella.  Está claro que la ilusión del capitalismo es que en llegando las fiestas navideñas  el populacho acabe entregado a  una catarsis consumista. Una ilusión que altamente queda complacida porque  se compra  de forma desenfrenada con el agravante de no medir sus ulteriores consecuencias. Resulta arduo  cambiar las pautas  de estas fechas porque los medios de comunicación nos invaden de continuo con sus propuestas consumistas. Normalmente se acostumbra a gastar lo que no se tiene, endeudándose hasta las cejas si es preciso,  para comprar la mayoría de veces cosas inútiles y todo con el fin de que seamos aceptados socialmente.  Resulta un axioma el que estas  fiestas con tanta tradición se han convertido en un lucrativo negocio y  esto conlleva a despilfarrar  de manera incontrolada, con lo cual  según los preceptos de la religión cristiana es la antítesis de como se deben celebrar estas fiestas  de tan hondo calado para la susodicha religión.  Obviamente la conmemoración de los festejos se hace en honor a un supuesto Mesías que según cuenta la leyenda nació   aproximadamente  hace poco más de dos mil años  en Palestina:    país que  hoy en día lamentablemente, por la aquiescencia de la comunidad internacional,  se encuentra sometido y asediado   por  el sionismo israelí. Pues bien,   en el país citado  nació este niño  en un humilde pesebre y en medio de una pobreza extrema. Es obvio que la forma actual de conmemorar tan significativo acontecimiento se aleja cada vez más de la espiritual  pobreza y la humildad con que se debiera celebrar según esta creencia religiosa.  Resulta palmario que toda ese humilde misticismo que intrínsicamente en  su naturaleza lleva implícita  la Navidad se ha suplantado  por el mercantilismo actual, mayormente impuesto por los grandes almacenes que a priori son responsables  de diseñar a día de hoy las fiestas navideñas, por que resultan ser para ellos una especie de “sanctasanctórum”.  Que se de esta situación que tanto favorece el lucro empresarial,  sin duda alguna es por culpa  de incentivar de forma persistente la  cultura de la ignorancia y el despilfarro.  
 



(En mi opinión, creo que más bien lo segundo.)

 
Otra circunstancia que se da por estas fechas que se avecinan, es el repertorio de tópicos y frases que se expresan como si de un cansino mantra se tratara. Me estoy refiriendo a todos esos  mensajes de felicidad y buenos deseos para estas fiestas  con  que de continuo somos agasajados por extraños o conocidos. Si años atrás para este fin se utilizaba el correo postal para  enviar los  tradicionales christmas, hoy en día ha quedado arcaica  esta forma tan  romántica de mensajería. En la actualidad ha sido suplantada por las impersonales   redes sociales, como son el  Facebook, Twister, Isntagran… y en especial el iPhone. ¡Humo va a echar el wahtsap por el constante ajetreo de mensajes!  Por supuesto que también los medios de comunicación, tan oportunistas siempre,  nos bombardearán de seguido con sus entrañables y sofisticados mensajes, los cuales la mayoría tienen claros intereses espurios.   A mi juicio  todo este aluvión de mensajes, aunque estén cargados buenas intenciones,  al final para aquellas  personas que se sienten solas  van a  resultarles una pesadilla  porque les hará recordar  la deprimente situación  de soledad  en que viven de continuo. Luego también está  ese bondadoso eslogan que proclama  "Paz en la tierra por  Navidad". En mi opinión, creo  que el súmmum  de esta mentira   es  el momento de celebrar  la tradicional Noche de Paz.  Ni esa representativa noche, ni ningún otro día más     durante las fiestas navideñas en Siria, Sudán del Sur, Yemen y demás países envueltos en conflictos armados se va a dar una tregua para que   la partes enfrentadas dejen de matarse y  entonen juntas  el "Merry Christmas", con los sanguinarios fanáticos del Estado Islámico  y Al Qaeda haciéndoles los coros.  Por consiguiente,  continuará escupiendo su armamento metralla y balas  y sembrando muertes para seguir dejando constancia en la Historia de la humanidad más vergüenza y más infamia.   Por otra parte,    parece ser que por estas fiestas navideñas  estuviéramos programados   para que artificialmente y de forma colectiva  tengamos que querernos  o desearnos  felicidad. No importa que el resto del año estemos a la gresca unos con otros, sintamos aversión mutua, nos detestemos, etc. Son días  de reciclarnos  y aparcar diferencias y resentimientos  y  de  disfrazarse de buenas intenciones y mejores deseos de paz y felicidad, y otra bondades,  y demos rienda suelta a  la hipocresía, un valor en alza por estas fechas.   Lo más políticamente correcto para estos días  de obligada fraternidad es que todo el mundo debe ser bondadoso, solidario  y feliz  por imperativo navideño.  Luego si el resto del año te toca sufrir o pasarlas canutas por circunstancias de la vida o porque  tu precaria economía no da para más, allá te las arregles tú solo. Al estar fuera de temporada, nadie se acordará de ofrecerte   ni buenos deseos ni gesto solidario alguno.  Por tanto, sólo te quedará esperar todo un año   para  que otra vez  el vulgo te suelte el mismo repertorio de frases artificiales,  por si pueden servirte de consuelo. No quiero que por ser un convencido detractor de la actual estética navideña se me considere un aguafiestas. Para nada. Allá cada uno y cada cual lo disfrute o lo sufra según sus convicciones. Si al final por mucho que uno  despotrique contra este montaje, básicamente mercantil, en mayor o menor medida  acaba formando parte de él. Así que tengamos las fiestas en paz. Faltaría más.
 
 
 
 

jueves, 23 de noviembre de 2017

 
BALADA PARA SABINA
(Joaquín, por supuesto)
 
 
 
 
 
Antes de que la luna
nos cierre sus burdeles
y sobre la tarima de mi cuerpo
ensayen su danza las rameras
al compás de un sexo sostenido
déjame corazón que te improvise
al oído el orgasmo de un bolero
luego me marcharé deprisa,
igual que se fuga la lluvia
cuando resbala por tu espalda.
 
Aunque ya da lo mismo,…
¿qué puede pasar
si te encuentra el amanecer
sudando en mi cama,
o bebiéndote el trago de la  despedida,
ese que nos deja con la resaca
del nunca más volver?
 
Antes de que en tu carne
desnuda madure la manzana
que con arte nos invite a pecar,
no me vendas a precio saldo
el hambre que hoy tengo de ti
lo pagarán en aranceles de besos
que roben a unos labios de hiel,
ni me prometas llevarme al paraíso
en la suite principal del infierno
si sabes que no vas a cumplir.
 
 Aunque ya da lo mismo....
 
Antes de que se oiga tu voz
de gata en celo y me preguntes
yo para ser feliz  qué necesito,
te contestaré lo que siempre me evitas,
morir por tu cuerpo y no resucitar
hasta después  del siglo veintiuno; así
que deja ya de tocarme los cojones
con tanta insinuación, cuando  sabes
que en el inventario de tu vida carnal
soy un don nadie multiplicado por cero.
 
Aunque ya da lo mismo…
 
Antes de que  en la piel
se nos quede tatuada con saliva
la cicatriz de un sueño de vino y rosas,
te convocaré a mi funeral
para que tú, sin marido y sin amante,
enviudes mañana de prestado.
Ya no quiero que me escribas
y me cuentes que cada tarde llegas
con retraso al anden del corazón
y el tren del amor de noche se te escapa.
 
Aunque ya da lo mismo,…