martes, 9 de junio de 2020

POLÍTICOS Y PANDEMIA



Es obvio  que los españoles, durante los momentos más críticos de la pandemia, hemos demostrado una disciplina social tan férrea y tan a rajatabla, que incluso a nosotros nos ha sorprendido. Pienso que la inmensa mayoría  hemos cumplido con mucho rigor uno de los confinamientos más duros que ha habido en Europa. Con lo cual esto indica que los ciudadanos de a pie sí hemos estado a la altura de las circunstancias; en cambio dudo  que los políticos lo hayan estado. Puede que al  principio  de la crisis sanitaria todos los partidos se acogieron al sentido común y dejaron en un segundo plano el sentir disgregado a fin de hacer frente de forma conjunta contra la pandemia.   Esta circunstancia , a mí personalmente, me    pareció que estaban  tirando juntos del mismo carro con la finalidad  de  proteger la vida de los ciudadanos españoles. Pero esa  unión,  un tanto forzada y artificiosa,   ha ido  progresivamente desquebrajándose y cada partido ha estado  haciendo su particular e interesada guerra, no se si  de guerrillas o a campo abierto,  pero  lo que palmariamente no  ha sido en contra del letal Coronavirus que seguía, y aún sigue,  matando indiscriminadamente, sino más bien por intereses partidistas en su afán de continuar con el acoso y derribo contra el ejecutivo gubernamental. La   oposición  ha visto al actual  Gobierno visiblemente desgastado y ha aprovechado el momento. Me resulta descorazonador esa crispación permanente en que parece haberse instalado en la actualidad la política y Democracia  española por  esa actitud de revanchismo por parte de la oposición y el ejecutivo. Resucitando ambos "adversarios"  rencores o fantasmas guerracivilistas y  a la más mínima echándose  en cara los muertos de uno u otro bando que hubo durante la remota contienda fratricida. Sin duda  son varias las  reyertas cainitas  que afloran hoy en día  en el Congreso de los Diputados cada vez que los políticos de diferente índole se reúnen para tratar cualquier asunto, en especial el de la crisis sanitaria, por que tiende a terminar  en un enfrenamiento tóxico o revanchista causado por sus reiterados   discursos incendiarios.  Lamentablemente a los políticos españoles desde siempre se les ha dado muy bien la inquina sectaria o partidista. Con estas guisas  la credibilidad del actual   Gobierno que carece de una mayoría sólida está quedando en entredicho  por estar enfrascado  en sus continuas  trifulcas gerracivilista con la oposición y también por esa especie de   "sainete  engañoso" que me han parecido resultar sus reiteradas prorrogas  del estado de alarma, con el agravante de que  las últimas  para conseguir llevarlas a cabo ha tenido  que pactar hasta con el mismo diablo  cuando  les hizo falta.    Por supuesto que de la oposición  tengo parecido concepto  por tanto "pirómano" manifestando sus ideas opuestas al Gobierno.  Desde luego que  dignidad no  tiene ninguna  toda esta chusma política. Ahora cuando más necesitamos serenidad de los políticos únicamente recibimos crispación.


 
 
Resulta palmario que    a estas  alturas  de la pandemia generada por el Covid-19 ya podemos tener con claridad una perspectiva de cómo han gestionado los líderes políticos la crisis sanitaria que les vino de la noche a la mañana  encima. Nadie podrá negarme que ha estado lleno de sombras y luces su gestión. Pero tampoco vamos a llevarnos a engaño hoy en día porque no creo que ningún Gobierno podría haber gestionado de manera intachable esta crisis. Su gestión se ha tratado más o menos de un experimento y como tal,  hay que equivocarse cantidad de veces para acertar con alguna, digo yo.   Creo que al principio no tenían ni capacidad ni conocimiento de la gravedad del asunto por eso  no les quedó más remedio que derivar responsabilidades a expertos científicos, como por ejemplo al hierático médico epidemiólogo,    Fernando simón Soria,  director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Él ha sido quien se ha comido gran parte de este "marrón sanitario" a través de sus continuas comparecencias en Televisión.  Puntualmente nos ha estado informando de los estragos causados por el Coronavirus y las medidas preventivas a tener en cuenta para evitar contagios  y a su vez  ha  servido  para salvar el culo al ejecutivo gubernamental. Por otra  parte, "mentiras oficiales e interesadas", ha habido muchas. Empezando por los fallecidos a casusa  del Coronavirus-19.   Supuestamente de manera indigna y sibilina el Gobierno parece ser que  oculta la cifras reales de muertos.   Otra de las mentiras  apareció al comienzo de la emergencia sanitaria cuando hubo escasez de mascarillas. Como nos mintieron  de manera malvada diciendo que no eran necesarias, luego una vez que ya no hubo problemas de abastecimiento de mascarillas en todo el país, ya se impuso por ley  obligación de usarla en sitios concretos como medida de prevención de contagios. Uno  de los episodios vergonzosos e indignantes que  se dio durante estas crisis sanitaria fue, cuando los primeros días su inicio,  a falta de los equipos de protección individual en algunos hospitales fueron los propios sanitarios quienes tuvieron que fabricar sus equipos de protección con bolsas de basura. Una lastimosa falta de prevención política que a alguien tendrá que responder por ello en su momento. El resultado de toda esta mala praxis y desidia por parte del ejecutivo ha originado el que se hayan abierto varios frentes judiciales a cuenta de la infravaloración del riesgo, las compras millonarias del material sanitario a empresas chinas, la gestión de las residencias por parte de Pablo Iglesias y la "obstrucción a la Justicia por parte de altos cargos del Interior. Pero me temo que  los responsables de todos estos desaciertos se van a ir de rositas porque ya se sabe sobradamente en que manos está la Justicia en España. Para que surtiera efecto las correspondientes penas judiciales se debiera ir a los Tribunales de Justicia de la Comunicad Económica Europea,  pero como no se va acudir,  todas estas denuncias y querellas contra Pedro Sánchez, sus ministros y otros cargos de la Administración General por la gestión de la crisis sanitaria del Coronavirus, quedarán en agua de borrajas. Todas estas acusaciones obviamente están impuestas por los partidos principales  de la oposición,  El Pepé y Vox, que durante la emergencia sanitaria ambos han estado compitiendo para tratar de desgastar al Gobierno. Les ha traído al pairo los muertos y los contagios. A priorizado su interés por arribar a la poltrona del poder por encima del compromiso y acción conjunta a fin de  salir cuanto antes de la crisis sanitaria que tanto dolor y sufrimiento han causado. Pero a estos advenedizos y mediocres líderes políticos actuales parece que les falta compromiso serio con los ciudadanos, sus votantes, y les sobra su ansia arribista. Porque más que para servir están ahí para servirse.  Estoy convencido de que aquellos viejos líderes, la mayoría fallecidos, que estuvieron presentes cuando se estrenó la Democracia en España, de haberse visto inmersos en tan dramáticas circunstancias hubieran llevado con más dignidad y decoro la situación. Les sobraría  arrojo político para enfrentarse  a la crisis sanitaria y salir social y económicamente  lo más indemnes posibles de la pandemia. A pesar de que sus ideales estaban en las antípodas unos de otros, como líderes políticos eran consistentes porque estaban forjados en las duras batallas vividas y peleadas en carne propia durante los convulsos años de la Transición española. Tengo mis dudas acerca de  si estos políticos, que por razones obvias no vivieron tan compulsos años, su liderazgo tendrá la misma fortaleza. Aunque más bien creo que les debilita su ansiado arribismo y la codicia de medrar cuanto antes con visas de alcanzar la poltrona del poder, o tratar de perpetuarse sobre ella. Por esta razón generan de continuo crispación política. Y no me parece lo más políticamente correcto en la crítica situación que vivimos dejarse llevar por incendiarios radicalismos que surge tanto por parte del Gobierno como de la Oposición. No es hora de abrir trincheras, ni divisiones sino de buscar puntos de encuentro. El país y la ciudadanía lo necesita con urgencia para superar los efectos del Covid-19.

 

jueves, 21 de mayo de 2020

SOLIDARIOS


 
Me llama poderosamente la atención la frase siguiente:  “Juntos somos fuertes, casi invencibles; en cambio,  solos somos frágiles y resulta muy  fácil  derrotarnos.” Cuanta razón tiene el enunciado de tan lapidaria frase. Es una obviedad el que de forma colectiva somos como un muro infranqueable que posee una fortaleza descomunal a fin de enfrentarse a cualquier adversidad y garantizarnos la victoria; en cambio nuestra individualidad  hace que seamos  manifiestamente débiles y de extrema fragilidad, con lo cual nuestra derrota está asegurada. Tal  circunstancia se ha hecho palmaria  durante la actual crisis sanitaria del Covid-19. El hecho de aunar fuerzas tanto físicas como psicológicas, aparentemente, estamos  logrado poner a raya la pandemia vírica. Aunque somos conscientes   de que no ha desaparecido ; que sigue estando   de forma permanente  su amenaza vigilando para contagiar indiscriminadamente. Desconozco   si este invisible virus tiene la malsana intención de   quedarse entre nosotros  hasta que descubran   la ansiada vacuna que acabe por erradicarlo; o que sin más se vaya de nuestras vidas de la forma tal como llegó, sin avisar. Aunque bueno,  lo de sin avisar ahora que lo pienso no es cierto del todo. A cuenta de lo que estaba ocurriendo en  China creo que  ya estábamos “viendo las orejas al lobo”. Pero claro, nos pillaba bastante lejos el susodicho país. Además,   nuestra arrogancia y displicencia  derivada de la sociedad del bienestar, nos hizo creer que hasta aquí  no iba a llegar el letal virus. ¡Y vaya que sí hizo acto de presencia  y además  puso  patas arriba nuestro  acomodado estilo de vida y a su vez  causando un sufrimiento gigantesco!. Estoy convencido de que si la Organización Mundial de la Salud se hubiera preocupado en avisar a tiempo, ofreciendo protocolos de actuación,    se hubiera ahorrado muchas muertes y sufrimientos. Pero lamentablemente no lo hizo y ahí están palmariamente las trágicas  consecuencias a nivel  global.  En fin; que   ojala hayamos tomado buena nota de todo este esfuerzo  compartido, porque sin una actitud colectiva y solidaria peligra nuestra supervivencia. Hemos visto y experimentado que somos muy frágiles y vulnerables. Por ende, tengamos siempre muy presente que en la lucha por  vivir, nunca sobreviven los más fuertes, esos que acostumbran a estar de continuo su existencia envuelta    en conflictos y prepotencia, sino quienes apuestan por apoyarse o ayudarse mutuamente. Esto según tengo entendido era la enseñanza que ponían en práctica   los viejos anarquistas. Quizá  la clave   para afrontar  cualquier otra próxima  pandemia de índole parecido al Covid-19  y que trate de poner   en jaque nuestra supervivencia, es poner en práctica esas enseñanzas que otrora pusieron en marcha aquellos viejos anarquistas que cito.



 
 
Lo que no me cabe la menor duda es  que, desde la responsabilidad individual, deberíamos tratar de cuidarnos a nosotros mismos porque es la única manera de cuidar a los demás, creo yo. Algo así como la ley del Karma: lo que das recibes; en este caso para bien. Desde luego que recibir y además de ser un acto generoso cargado de empatía, nos hace sentir más saludables y por supuesto que también más felices. Como os habréis dado cuenta  estoy hablando  de solidaridad,  ese acto de apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles.  Como por ejemplo esta situación  dramática  que vivimos en la actualidad a cuenta de ese “mal bicho vírico” que nos está trayendo a mal vivir y nos pone delante de la muerte con toda su crudeza. Por esta razón se ha hecho de imperiosa necesidad apelar a la solidaridad encendiendo la llama de la fraternidad.  A la respuesta de las instituciones oficiales,  se ha unido  una  red solidaria de voluntariado  a lo largo y ancho del país que sirve de gran ayuda, en especial  para aquellos colectivos más vulnerables que están sufriendo en estos momentos y que son nuestros mayores. También a principio de la pandemia,  por todo el país surgió casi  de ipso facto la mayor  ola de solidaridad de la Historia a nivel de empresas. Todas ellas  estuvieron en primera línea y con el único objetivo de salvar la población brindando su apoyo  incondicional al sistema de salud pública por  que los primeros días de esta crisis  sanitaria se encontró literalmente desbordado y a falta  de los equipos de protección individual ( Epis)  para los sanitarios.  Estoy convencido de no haber surgido  tan gigantesca ola  altruista, el caos y el drama que se hubiera formado dentro del sistema salud pública hubiera sido de dimensiones descomunales. Pero como es habitual en el momento que surgen los grandes desastres de la humanidad, la predisposición solidaria de los ciudadanos  de corazón noble y las empresas altruistas  siempre están ahí para echar una mano y hacer más llevadero el dolor y el sufrimiento que genera  cualquier tragedia  humana. Como también los gestos solidarios  nos confirman que individualmente somos una gota de agua, pero cuando actuamos juntos nos convertimos en un inmenso océano que nos salva de cuanto infortunio se nos ponga por delante. Porque sólo mediante el cuidado y la ayuda mutua se puede luchar y es a través de esa lucha es como  podremos  cuidamos de forma  colectiva. Por tanto, sigamos reivindicando la solidaridad. Su concepto debe continuar entrando hasta lo más profundo de nosotros mismos. Aunque  pase esta etapa tan crítica que nos ha tocado vivir, o en su defecto sufrir- tarde o temprano quedará atrás esta horrible pesadilla-  apostemos por   que  esté presente lo más posible la solidaridad en nuestras vidas para hacer más llevadero todo ese ingente  drama humano  que  existe actualmente  a nivel planetario   y  que la crisis sanitaria del Covid-19 hace que   nos estemos olvidado de él. Me estoy refiriendo al  “Coronahambre”   que  mata tanto, o  si cabe más,  que el  maldito Coronavirus. Y por desgracia, a pesar de que la  “pandemia del  hambre” lleva más de un siglo  matando a millones personas en el Planeta, ni los lobbies farmacéuticos ni el de los laboratorios, como tampoco los gobiernos de   los países que engloban las principales economías del mundo se han preocupado de sacar una vacuna que logre acabar con ella.  Por lo que se ve hasta ahora,  ni tienen, ni tendrán creo yo,  el más mínimo interés en un futuro  descubrirla. Con lo cual, seguiremos en esa dolorosa espiral que hace que el sufrimiento de unas personas venga provocado por la insaciable codicia de otras.
  
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lunes, 4 de mayo de 2020

COTIDIANIDAD

 
 
Estamos tan acostumbrados a que ciertas cosas las demos por hecho que forman parte de nosotros, que ni cuenta nos damos  de lo importante y valioso que supone el tenerlas. Máxime si se trata de esos momentos   cotidianos, que transcurren en nuestra vida con su inherente monotonía. En este caso el valor que le otorgamos en prácticamente nulo. Y qué equivocado estamos. A veces nos damos cuenta que teníamos en nuestra vida algo importante, pero únicamente lo valoramos una vez que lo hemos perdido. Entonces sucede que reaccionamos en poco tiempo, pero lamentablemente ya no hay vuelta atras. Según mi criterio es probable que esa costumbre de estar habituados a algo en concreto, hace que ni nos preocupemos en pensar el valor intrínseco que tienen  y hasta se nos hace difícil la idea de no disponer de todo ello cuando realmente nos apetezca. Lo que está claro es que a menudo cuando  por alguna nefasta circunstancia lo perdemos, nos damos cuenta de que   no supimos  valorarlo  en el momento presente  y   como norma  habitual acabamos por apreciarlo demasiado tarde.  Que este hecho genera una sensación desagradable y frustrante, no tengo la menor duda.  No se si por estúpidos, o por arrogantes, una mezcla de ambas seguro, el caso es que  no prestamos el interés necesario  en conocer el valor que representa  la cotidianidad en nuestras vidas y como los humanos acostumbramos a  pecar de soberbia, nos creemos que lo tendremos siempre a nuestro alcance y por esta razón lo descuidamos. Y luego pasa lo que nos pasa: que nos encontramos angustiosos y necesitamos  cuanto antes  volver a sentir esa cotidianidad que  la hemos perdido; o nos la han suprimido por imperativo legal como está sucediendo en estos momentos a cuenta de la pandemia vírica generada por el letal  Covid-19. Como bien sabéis  a mediado de marzo para luchar contra esta pandemia vírica el gobierno decretó el “Estado de Alarma”  y con ello el mundo se paró. Esto supuso el tener que estar confinados  dentro de los hogares y  la vida aparentemente comenzó a transcurrir a través de los cristales.   La imposición por cuarentena  supuso la restricción de movilidad  y con ello inesperadamente hizo que desaparecieran   todos esos momentos cotidianos que forman parte de la normalidad. Si antes   nos parecían de lo más  insignificante,      cuando nos hemos visto  a falta de ellos,  nos ha entró verdadera  angustia y necesitábamos  cuantos antes  recuperarlos  porque verdaderamente, aunque tarde,  nos dimos cuenta del  valor intrínseco que tienen en  nuestra vida.


 
 
Supongo que en este tiempo de confinamiento, el cual ahora después de varias semanas empieza a relajarse y resulta un poco más flexible que el de días atrás,  al menos nos han permitido el poder  respirar un poco “aire de libertad” proveniente de los espacios abiertos. A lo que iba,  durante el duro confinamiento  estoy convencido que la mayoría de ustedes habrá echado en falta la cotidianidad. La falta de esas cosas que aparentemente son  muy simples, pero que resultan de  necesidad vital como: dar un paseo tranquilo por el campo, por la playa. Tomarse una consumición en  animosa  compañía. Esas manifestaciones de cariño de familiares y amigos. Ir  al cine, o ver un espectáculo musical, cultural, deportivo;  o cualquier otro  que te plazca sin que nadie ni nada te lo impidan.  O simplemente sentarte en un banco del parque en plan  contemplativo escuchando el melódico  trinar de los pájaros y tranquilamente dejar que pasen las horas, sin más.  En definitiva salir de casa cuando te de la real gana sin restricción de movilidad alguna.  Todas esas cosas  simples y cotidianas que forman parte de la normalidad y que las hemos tenido siempre  a nuestro alcance   sin suponernos  dificultad alguna para obtenerlas. Quizá por tenerlas con tantísima facilidad a nuestro alcance nunca  hemos nos ha preocupado la más mínimo en   darles la importancias que se merecen. Entonces, cuando de repente nos hemos vimos   privado de todas ellas, de forma generalizada  conocimos el valor extraordinario  que representan en nuestras vidas.  Vamos a ver si  somos capaces de salir mentalmente lo más fuertes posible de nuestra resilencia  y una vez que hayamos recuperado progresivamente la normalidad tras las graduales fases  de desescalada del desconfinamiento  que tiene prevista llevar a cabo  el Gobierto  para este fin,  en adelante  tengamos siempre muy presente el valor  transcendente que tienen en nuestra vida los gestos cotidianos. Porque yo no se ustedes  lo que   con imperiosa necesidad deseaban  lograr en los momentos duros que hemos pasado  durante el confinamiento,  cuando las privaciones y restricciones estaban en su punto más culminante y generaban muchísima   angustia . Yo sólo deseaba   volver a vivir la normalidad simple y llanamente. Esa normalidad habitual  que hemos conocido desde siempre. Porque tengo mis dudas o incertidumbres  sobre vivir la  “nueva normalidad” de la que tanto se jactan en vociferar los políticos afines al poder. Y la verdad, a mí   me entra yuyo sólo en pensar que la nueva normalidad se va a basar en vivir con la psicosis  metida en el cuerpo. Yo  quiero seguir como   antes:  respirando sin miedo a que en el aire quede suspendido  algún maldito virus y en especial sin sufrir todo tipo de limitaciones.   Porque que quieren que les diga,  hay situaciones en la vida  en que es necesario priorizar  el vivir la normalidad, con toda su santa y tediosa rutina  por encima de la posibilidad de  disponer de una gran fortuna de bienes materiales. Lo que está bien claro es que esta pandemia vírica nos ha hecho apreciar más las pequeñas cosas que van conformando nuestra vida y que  tuvimos que renunciar a ellas por imperativo legal.  Ya se que el renunciar obligatoriamente a ellas  fue, sigue siendo aún, por el bien de la salud y  en beneficio de nuestra vida. Es compresible, pero esto no quita que  causa  ansiedad y  pesadumbre sentirse  privado de todas ellas.  Por esta razón el deber que tenemos los humanos ahora en adelante  es el de apreciar el valor extraordinario  que se merecen esas pequeñas  cosas cotidianas   que siempre están ahí, y por  desgracia dejamos que pasen  con más pena que gloria, y que  las vamos sepultando en el trajín de la vida, o descuidándolas por querer lograr otras metas que nos creemos son de mayor relevancia y  nos posibilitarán el ser  mas felices. Craso error, porque a mi juicio,  yo creo que la felicidad  no significa tener aquello que uno quiere, sino reconocer y apreciar lo que se tiene, como son los gestos cotidianos de cada día.  
 
 
 

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jueves, 9 de abril de 2020

Homenaje a los sanitarios










lunes, 6 de abril de 2020

ASUNTO VÍRICO

Está claro que a día de hoy el tema de la pandemia vírica causada por el Covid-19  es el centro de nuestras vidas. Siguen corriendo  ríos de tinta en toda clase de medios informativos hablando sobre este asunto. No es para menos, con la   situación  apocalíptica que estamos viviendo, la cual hace   que nos encontremos inmersos en la  angustiosa  experiencia de  vivir, o más bien sufrir,  un confinamiento domiciliario.  El aislamiento colectivo es una de las  medidas preventivas que    ha ordenado con obligatoriedad cumplir   el Gobierno de Pedro Sánchez cuando  declaró el Estado de Alerta en todo el país a mediados de marzo.  Por cierto, el Gobierno   en estos momentos    está en entredicho  debido a   su supuesta  negligencia   a la hora de gestionar    este asunto vírico. Supongo que en su momento saldrá a relucir a la luz pública  toda la verdad acerca del ejecutivo gubernamental  por su forma de resolver tan      delicada  y compleja crisis sanitaria sin precedentes.    Todo a su debido tiempo. Ahora de memento discrepancias las justas porque lo importante y necesario es   que todos los políticos  remen juntos por el bien de la salud de la ciudadanía. Cuando todo se normalice, hay que pedir responsabilidades a quien competa. No permitamos que ninguno eluda su parte de vergüenza. Y si tienen que rodar cabezas, que rueden. Aunque también debemos ser conscientes que a  todos nos toca, en mayor o menor medida, una parte de complicidad en los fallos que se den  y en sus pavorosas repercusiones.    A  lo que íbamos.    ¿ No me negarán ustedes   el  que resulta  incómodo y sacrificado por las restricciones que soportamos y la privación de libertad el confinamiento?    Pero si todo es en favor de nuestra salud, adelante. Resistamos con paciencia que es la mejor cura en estos casos  y tratemos de hacer todo cuanto sea necesario y esté en nuestras manos.  Además quienes están en primera línea de “fuego”, como son los sanitarios, una especie de “ángeles con bastas blancas, o verdes”, que por nosotros han dado su salud e incluso la vida y cuyo sacrificio es una deuda de gratitud que no podremos pagar nunca,  nos piden a los de la retaguardia, o sea a nosotros, que hagamos lo que la decencia y el sentido común exigen: procurar no aumentarles la carga que ya soportan y a su vez colapsar los hospitales; por tanto, quedémonos en casa. Y en ello estamos:  confinados en nuestras casas, como un ejercicio de responsabilidad, y a su vez tratando lo mejor posible  de "matar el tiempo". Y por supuesto que  también con  la psicosis  y el pánico metidos en el cuerpo por la sobredimensionada información que recibimos sobre la lista de muertos e infectados que cada día va “in crescendo”.  Aunque parece que ya se empieza a ver la luz al final del túnel. Esta claro  las medidas preventivas  de obligada imposición por parte del ejecutivo gubernamental   ya surgen efecto  por que  exponencialmente se van reduciendo la lista de  defunciones y los infectados, en comparación con días atrás. A todos nos resultan bastante  duras y frustrantes  las prórrogas que alargan el confinamiento, pero si al final surten el efecto deseado,    el sacrificio y la angustia  que supone  la cuarenta   no habrán resultado en balde, sino un forma de resistencia pacífica para derrotar al "maldito bicho".  Esa es la esperanza que nos queda  para que progresivamente volvamos a la normalidad y  reconquistemos nuestras vidas cotidianas tras el confinamiento. Aunque me temo que una vez que recobremos la libertad y tengamos cierto control sobre el malnacido virus, ya nada creo que volverá a se como antes. Esta nuestra forma de vida que ha sido paralizada, anulada o derribada de un día para otro no se si se recuperará en su totalidad. Estará lastrada en el futuro por esta pandemia y sus secuelas se perpetuarán, y tendremos que adaptarnos a vivir con ellas; acomodarlas en nuestras cotidianidad psicológica y también en al catastrófico  devenir económico  del país por  que  debido a la paralización casi total de su actividad laboral, la crisis  que va a sufrir la economía de España en un futuro va a ser de órdago porque va a sufrir una crisis sin precedentes. Lo que está bien claro es que  de forma permanente  estas nefastas consecuencias  se quedarán   junto a nosotros  para recordarnos que en su momento resultaron ser como un examen individual, que nos puso a prueba a cada uno de nosotros, aunque a algunos con más intensidad que a otros. Como también puso a prueba todo un modelo de sociedad, cuando se ve y aflora la naturaleza humana.



 

Resulta palmario  que veíamos muy lejanas – en la distancia, pero aún peor, en la conciencia-  las desgracias que sufren los países de Tercer Mundo. Como si nos creyéramos los reyes del universo y por ello fuéramos  inmunes a cualquier  desgracia social de gran magnitud, tal  como la que estamos sufriendo en estos momentos. Pero lamentablemente estábamos equivocados con nuestras prepotentes ideas concebidas por  quienes viven en una sociedad  de la opulencia  y  que se muestra claramente  insolidaria  con las clases más desfavorecidas. Este “mal bicho” que ha aparecido como  fatal sorpresa   ha hecho patente nuestro error  poniendo  a esta misma  sociedad patas arriba y en peligro de “Jaque Mate”. Una sociedad que meses atrás el debate científico que con más expectación seguía era el que debíamos prepararnos para vivir  unos 120 años porque el éxito de nuestra satisfactoria longevidad estaba asegurado. Ahora el coronavirus maldito  ha hecho que     nos  olvidamos de la descabellada y cuestionable idea de longevidad y nos dedicamos en exclusividad  a salvarnos “el pellejo”.  No  tengo  ninguna duda de que esta letal pandemia acabara por obligarnos a parar y reflexionar, a valorar lo cotidiano y también     por cambiar en mayor medida nuestro concepto de vida. Sino lo ha cambiado ya con la máxima urgencia y rapidez por pura necesidad vital. Considerando auténtico héroes   al personal sanitario  que están arriesgando sus vidas por salvarnos, y no los deportistas y demás fantoches que medran en  la Televisión y que trincan todo el dinero habido y de por haber. En mi opinión,  vendría  de perlas el que la mitad de ese dinero que les regalan  por su parasitismo catódico sirviera para aprovisionar a los hospitales  del material sanitario que se necesita a día de hoy  con el fin de salvar vidas. Y de paso en algún que otro hospital público el equipo de enfermería y otros trabajadores  sanitarios por no tener material adecuado,  dejarían de   utilizar   bolsas de basura para evitar ser contagiados. Que horror y qué vergüenza que esto ocurra en un país que gasta a trote y moche en eventos irrelevantes y escatime  invertir  en necesidades de vital importancia.  Vale, puede que resulta pura demagogia mi comentario, pero en estos momentos también resulta  pura y cruda realidad. La situación apocalíptica y extrema urgencia sanitaria así me lo hace ver.   Por otra parte, lo que está bien claro es que de pronto nos hemos dado cuenta que podemos desparecer del mapa a cuenta de una pandemia vírica.  Si sobrevivimos a esta terrorífica pesadilla que  tanta  psicosis genera  nos  y nos restringe la libertad, que nos sirva de lección y tomemos conciencia de nuestra fragilidad.  También   a su vez también nos   sirva para mentalizarnos de nuestras debilidades como sociedad y nuestra fortaleza como personas. Toda lección de vida que podamos sacar resultará de vital importancia a fin de   estar prevenidos contra otro drama de gran dimensión  como el  que estamos sufriendo en estos momentos que ha hecho que surja  lo más generoso y empático del ser humano,  como también su lado más mezquino y despreciable.  A buen seguro que una de las lecciones que vamos a aprender de este  drama humano,  es que no vamos a  permitir  que  el individualismo sea quien domine y a quien confiamos que nos salve, sino  el afán colectivo, porque será quien podrá devolvernos de nuevo un futuro esperanzador  una  vez que hayamos abandonado de forma colectiva la trinchera. Espero y deseo que salgamos con más  más conciencia grupal y solidaria, porque es obvio que ese egoísmo del "sálvese quien pueda", no sirve en esta situación.

                                                       

 
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viernes, 20 de marzo de 2020

PRIMERO LA SALUD



No tengo ninguna duda de que si algo nos está enseñando esta  pandemia del Coronavirus  Covid-19 que  padecemos a nivel global es que lo más importante para todos los  seres humanos es la salud. Todo lo demás pasa a un segundo plano. Tal como está sucediendo actualmente  a cuenta del mortífero virus que se ha convertido en el epicentro de la vida del Planeta y  ha hecho que la humanidad  haya entrado  en un estado de miedo y  de pánico de forma generalizada. Y no es para menos por la continua información que  nos llega a cuenta de los estragos letales que está causando esta  pandemia vírica. Sus catastróficas consecuencias  nos ha retrocedido a  la época del Medievo. Si por entonces fue  la peste bubónica quien obligaba a los ciudadanos a permanecer en cuarentena confinados en sus casas para protegerse de  aquella epidemia; algo parecido ocurre a día de hoy por causa del el Coronavirus que obliga un  confinamiento general en sus hogares de los ciudadanos españoles a modo de prevención. Porque desgraciadamente la todopoderosa y omnipresente muerte transita por los mismos derroteros que  lo hace el letal virus. Es como una sombra ubicua que nos acompaña y siempre  está dispuesta a cumplir su fúnebre cometido. Obviamente esta pandemia vírica es un problema de salud global de extrema gravedad. Todos conocemos sobradamente que fue en la ciudad china de Wuhan  donde aparecieron los primeros brotes de infectados, pero que exponencialmente los contagios se ha ido extendiendo de forma masiva por casi todos  los países del mundo. Por desgracia entre los mismos se encuentra España, con el agravante de que se ha convertido en el segundo gran foco  de la pandemia en Europa, tras de Italia, y sus centros sanitarios están colapsados por infectado de este virus.  Una dramática situación que está poniendo seriamente en riesgo nuestra existencia, sin duda. Y el simple hecho de que nuestras vidas corran peligro ha conseguido que los antagonismos y  discrepancias de los políticos  se dieran una tregua y se la envainaran para que  de forma conjunta actúen. Como se ve,  únicamente por el bien de nuestra salud  han hecho una especie de se conjura y  remar  juntos en la misma dirección preventiva.  Seguro que cuando vuelva todo a la normalidad, toquemos madera para que así sea, de nuevo los políticos se volverán a tirarse los trastos a la cabeza con  todo tipo de reproches y acusaciones a cuenta de como se ha gestionado esta pandemia vírica. Todo por sacar  mejor tajada.   Y sino al tiempo. Sabemos sobradamente  como se las gastan nuestro políticos, auténticos maestros en el arte del acoso y derribo con miras al poder.  Pero ahora de momento lo principal, y  a su vez necesario,  es que sigan actuando conjuntamente con sus medidas sanitarias a fin de socorrer a la ciudadanía. Aunque nos resulten incómodas y de autentico sacrificio su medidas de prevención sanitaria. Por cierto,  no se si resultará verídico o no, quienes afirman que este virus mutante del  Covid-19   que a los investigadores, o científicos,  se les fue  de las manos y acabó siendo incontrolable,  razón por la cual deliberadamente se escapó de algún laboratorio con fines lucrativos. Está claro que si ha sido provocada me temo que nunca lo sabremos.  Y puestos a conjeturar,...  ¿por qué esta pandemia vírica no puede ser  consecuencia  del cambio climático?   Lo que das recibes. Esto es el Karma: la venganza de la Naturaleza. Con razón o sin ella, por sospechar que no quede.




 

 Y volviendo al tema de la salud, ratifico que es lo primordial,  y en este caso por encima del la economía del país. No genera duda alguna, el  que debido al periodo de cuarentena impuesto por el Gobierno como medida preventiva, ha cesado casi en su  totalidad  toda la actividad  laboral.  No tengo ni la más duda de que esta situación crítica   causará un impacto negativo en todos los sectores de la sociedad, por ende    lastrará  la economía del país   que tardará mucho tiempo en recuperarse. Por esta causa,  a través de  Internet pululan voces discrepantes contrarias al estado de alerta y sus medidas sanitarias por que ponen en jaque la futura economía del país. Normal que surjan estos voceros divergentes en la red.  El desbocado capitalismo de Occidente prioriza la economía por encima de la salud, porque  ni entiende ni se preocupa de los efectos negativos que originan las pandemias, sino de beneficio bursátil. Pienso que es un absoluto error estar supeditados a la economía y relegar la salud global de los ciudadanos.  Si la salud falla, es una obviedad quela economía se resquebraja, porque son los propios  ciudadanos de a pie  quienes hacen posible que ésta  alcance su mayor apogeo.  Con lo cual, necesariamente  deben coexistir ambas en perfectas condiciones y como si de una  simbiosis se tratara, asociarse para que todo fluya con normalidad y en óptimas condiciones. Pero para lograr este punto, es condición sine qua non que a los ciudadanos prioritariamente se les salvaguarde la salud.   A mi juicio es una axioma el que la salud resulta lo más valioso que tenemos. Lo más importante que ninguna otra cosa. Por mucho que nos creamos, o pensemos, que tener salud es lo más normal. Lo que resulta palmario es que cuando la perdemos, o corremos el riesgo de ponerla en jaque, como ocurre en estos difíciles momentos por causa de la ubicuidad  del Coronavirus, nos damos perfectamente cuenta del valor intrínseco que ésta tiene. Y es que no admite ninguna duda de que cualquier placer de la vida se disfruta mejor con buena salud.  Resulta de perogrullo el que   para gozar de óptima salud se hace indispensable mantener buenos hábitos de vida, como el  hacer ejercicio y por supuesto que llevar una alimentación equilibrada. Y sobre todo, y muy importante, intentar ser feliz porque esto obviamente ayuda en los propósitos y en especial lo que requiere a la salud mental , es sabido que como ésta se encuentre  desequilibrada acaba afectando de manera negativa a toda  la salud en general. Por esta razón    siempre deberíamos estar prevenidos, o en alerta, ante  cualquier  síntoma que aparezca de esta patología cognitiva a fin de buscar  remedios eficaces  para su control. Porque el estado de tu vida en definitiva no es más que un reflejo del estado de tu mente.  Aprovecho ahora para sacar a colación, porque viene perfectamente al caso, una frase categórica del ilustre filósofo alemán,  Arthur Schopenhauer, que dice lo siguiente: Tanto prevalece la salud por sobretodos los bienes exteriores que probablemente un mendigo sano sea más feliz que un rey enfermo”. Estoy totalmente de acuerdo con este enunciado que manifiesta con obviedad la importancia de la salud que tiene en nuestras vidas. ¿ De que te sirve poseer una enorme fortuna de dinero si te falla la  salud para disfrutarla?  Por tanto, resulta muchísimo más importante que cualquier riqueza o cosa material. En conclusión: sin nos falta la salud,   no somos  absolutamente nada. ¿Alguien lo duda?  







miércoles, 11 de marzo de 2020

XVI Aniversario de los atentados del 11 Marzo de 2004 , Madrid






Hoy se cumplen 16 años del atentado terrorista en Madrid (11, Marzo, 2004) llevado a cabo por una célula terrorista del tipo yihadista donde murieron 198 personas. Como homenaje y recuerdo a las víctimas de esta execrable matanza en su décimo sexto aniversario dejo publicado este vídeo-poema.

 

( 11 de Marzo de 2020)