sábado, 6 de enero de 2018

NEGLIGENCIA

 A finales de diciembre del pasado año apareció en los medios de comunicación una  sobrecogedora noticia que a mí personalmente  me causó   tristeza  e indignación.  Y no es para menos, cuando lees que una mujer de 64 años de nacionalidad rumana   fallece después de pasar 12 horas esperando sola en una camilla en la sala de urgencias del hospital San Juan de la Cruz de Úbeda (Jaén). ¿Cómo fue posible que  llevaran en camilla  a esta mujer mayor  al hospital  y nadie fuera  capaz de observarla durante todo este tiempo?  Desconozco cual es el protocolo que hay en  urgencias, pero desde luego lo que  no debiera faltar  es algún sanitario que haga revisiones a los pacientes que esperan su turno para que no ocurran casos como de esta índole.  Creo que   alrededor de  la tres de la madrugada y durante un cambio de turno  el cuerpo  de Aurelia, así se llamaba la infeliz, lo descubrió un celador cuando éste se dio cuenta que la  mujer ya  no respiraba.  Según cuentan,  esta mujer al no atender  a los requerimientos  por megafonía y de viva voz del personal sanitario dieron por hecho  que se había marchado. Excusas de los responsables del hospital a los que debía caérseles la cara de vergüenza.   Hay que ser un perfecto caradura y   auténtico negligente para estar convencido de  que    una mujer que ha sido    trasladada en camilla desde la residencia de mayores donde estaba ingresada al área de urgencias    pueda largarse  del hospital sin más.    A otra que también debería caérsele   la cara de vergüenza y no salir impune de este trágico suceso es la auxiliar de  la residencia donde se encontraba esta mujer  ingresada por haberla dejado sola   en el área de urgencia del hospital en tan lamentable estado.  Es obvio que    la  auxiliar   se  limitó lisa y llanamente  a cumplir el protocolo de la residencia,     despreocupándose de concederle cualquier     gesto humanitario,  como hubiera sido el de esperar a que algún familiar se incorporara junto a aquella mujer  seriamente enferma.  Su falta de empatía  hizo que quedara abandonada a su suerte. Un abandono y olvido  que se prolongó durante doce horas de sufrimiento y que concluyó en el momento que llegó su muerte   en la más  terrible soledad y olvido. Por otra parte, ¿no habría dentro del personal sanitario alguien  con dos dedos de frente para sospechar  de que si la  paciente  hacia caso omiso  a los requerimientos  pudiera deberse a  que no se encontraba en condiciones de atenderlos? Es de suponer que conocerían sobradamente en que grave  situación   acudió a urgencias, por eso es inaceptable creer que  se hubiera marchado. Aunque desgraciadamente se ve que sí que se lo creyeron y ocurrió el trágico desenlace. En mi opinión tanto el personal sanitario   como  la auxiliar de la residencia por su palmaria negligencia son responsables  del fallecimiento de esta persona, aunque   estoy seguro que no habrá condena  alguna para ninguno de ellos.  Lo último que leí sobre este caso, es que estaba bajo investigación judicial   para determinar el por qué   esta mujer  estuvo tantas horas sin ser atendida o cual fue  la causa de su fallecimiento. Me temo que  al final como de costumbre ocurre en estos casos donde ha habido mala praxis por parte de los correspondientes profesionales sanitarios, que  debido a    la protección  del poder político y judicial con que cuentan las instituciones que integran,  lo normal es que todos acaben impunes.   Y si no al tiempo.
 
 
 
 
(Toda negligencia médica siempre tendrá que enfrentarse  a  la indignación popular)

Desconozco si al final  quedará o no todo este asunto en agua de borrajas una vez que concluya   en los juzgados, en cambio lo que es una palmaria   realidad es que  una persona ha fallecido en causas aterradoras y eso ha originado una indignación generalizada entre la opinión pública.  Como también deja bien a las claras el modus operandi de  la Sanidad  en España, a la  que por  cierto, por intereses espurios la chusma política cuando tienen la oportunidad de hacerlo  se jacta en encumbrarla para presumir de ella  y a mi juicio en este patético caso resulta de auténtico tercermundismo. No cabe la menor duda de que el motivo por el que a veces la atención sanitaria española resulte tercermundista  se debe  a los recortes  que ha aplicado el Gobierno de Rajoy  al sistema sanitario de este atribulado  país. Esta permanente disposición  al  "pernicioso tijeretazo" conlleva      a que falten profesionales de la medicina con lo cual  es de prever que     la saturación en urgencias sea algo  habitual.   Pero este denunciable hecho no sirve de excusa para que ocurran dramáticos casos como el que aquí  traigo a colación.   Al margen, de  las antipopulares y dañinas medidas  que a lo largo de todos estos últimos años  el gobierno del Pepé  ha llevado a cabo contra la sanidad pública en España,   lo que quiero dejar constancia es que las situaciones que se dan como las que concierne al asunto del que hablo,  dan mucho que pensar y reflexionar acerca del por qué aparentemente nos estamos deshumanizando.  Parece que no sentimos ningún interés por la gente que se encuentra a nuestro alrededor. Y sobre todo si estamos absortos y aislados dentro  del universo táctil  de Smarfhone. Como forma habitual  nos mostramos con absoluta frialdad y  faltos de empatía. Lo que resulta muy   preocupante es que cada vez es más una realidad   la perdida de valores. Es evidente que esta alarmante situación donde  aparece de forma bastante  generalizada  la deshumanización,  quienes más se ven afectadas son las personas mayores. Por desgracia los ancianos cada vez están más solos y  como podéis comprobar a raíz de este lamentable asunto, las residencias donde suelen pasar la mayoría de ellos sus últimos años de vida,  la frialdad y la burocracia  desprovista la mayoría de veces de lo esencialmente humano, con que los atienden son un claro  síntoma de preocupación. Además tampoco les pueden garantizar una asistencia de calidad porque la mayoría de las residencias están muy justas del personal que profesionalmente los atiende.


prueba

viernes, 22 de diciembre de 2017

PESIMISMO


 

Según la  escritora y periodista uruguaya, aunque nacionalizada española,  Carmen Posadas, el pesimismo es un anatema en nuestros días y no sabe esta autora quien fue el responsable de convertir al optimismo en nuestra nueva religión laica. Tampoco yo conozco a ciencia cierta quien ha sido el  causante. Puede que  sea  alguno de estos sujetos que  con sus prédicas nos exhorta a que alcancemos la felicidad por imposición.  Lo que no tengo ni la menor  duda  es que hoy en día el pesimismo arrastra malísima reputación, lo mismo que resulta arduo obtener algún beneficio del mismo. Estoy convencido de que nunca han de llegar a buen puerto todos los proyectos personales que  planeemos    cuando avistemos la perspectiva de  la vida desde una actitud negativa.  Pero a veces por un sin fin de  circunstancias personales y sociales  nos vemos en la tesitura de ver y juzgar las cosas por el lado más desfavorable. Todo se debe en buena parte al desánimo que  se genera a consecuencia de nuestras propias frustraciones y prejuicios. Una cosa de lo más habitual  es que a menudo tratamos  de guardar las distancias con las personas pesimistas porque de alguna manera la filosofía negativa de la vida es contagiosa. En mi opinión, para nada nos seduce estar junto a  una persona que se ve invadida por  historias trágicas o asuntos de desamor, que dan pie a la angustia, el temor, el miedo, la muerte, etc. Es evidente que este tipo de individuos  acaban desarrollando problemas de tipo social y por consiguiente, las personas que le rodean terminan por cansarse o hastiarse de toda esa permanente negatividad con que orienta su devenir existencial, razón por la  cual salen pitando   de su lado y lo dejan  completamente sólo regodeándose en  sus “cuitas tóxicas”. No es de extrañar  que en esa traumática situación de soledad, su pesimismo  se haga irreversiblemente crónico. Por otra parte, el desánimo en infinidad de ocasiones surge de manera inevitable, debido a que  no nos es  suficiente  con el esfuerzo ni con la inteligencia para que nos salga bien todo cuanto tratamos de llevar a cabo.   En este hecho juega un papel muy determinante la realidad que uno vive y siente.  Y es que vivimos en un mundo que de costumbre trata de influirnos ánimos y  nos vende propuestas  maravillosas  donde hace que la vida nos resulte sublime.  Puede que para levantar nuestro alicaído estado anímico sean propuestas muy válidas y eficaces,  pero  me temo que éstas no son ciertas del todo.   La existencia no deja de ser caprichosa y azarosa, y la mayoría de veces se manifiesta bastante injusta.  Quien  está convencido de que es todo lo contrario  por vivir en un permanente  “cuento de hadas”,  no hay duda de que tarde o temprano acabará engrosando la lista de los infelices. Algo que no creo les   vaya a  ocurrir a quienes no esperan  que a menudo  les sorprenda  la vida gratamente para poder  llevarse una alegría más al cuerpo.  



 
En  mi opinión, aceptar la realidad no tiene porque convertirte en un pesimista. Resulta ésta una máxima que muchas personas no lo entienden.  No siempre se puede ser un irredento optimista obviando la realidad, que a día de  hoy  tal como se manifiesta crea desesperación.  Como ya he dicho, asumir lo que ocurre a nuestro alrededor, racionalizar las cosas  y mirar objetivamente los hechos no tiene por que tildarnos de pesimistas.  ¿A caso la situación social y económica a nivel global invita a que nos sintamos unos exacerbados optimistas? A mi juicio más bien todo lo contrario. Da claras señales de  incentivar el pesimismo . Por otra parte, creo que resulta oportuno sacar a colación una frase que  supongo la mayoría conoceréis y  a la que es habitual darle  un concepto   versátil, aunque intrínsecamente  su significado siempre se encamina hacia  un mismo fin.  La  frase a la que me refiero es la siguiente: “Un optimista es un pesimista mal informado”.  Resulta palmario que a la hora de enjuiciar  o valorar su idea conceptual  cada persona lo hará desde su particular punto de vista, con la subjetividad que este hecho conlleva. Quizá el optimista de forma interesada no quiera enterarse de   la realidad que vive  y esta sea la razón del por qué  su enfoque existencial está cargado de tanto optimismo.   Puede que así sea. Al final cada persona trata de alcanzar los momentos de felicidad con los argumentos y las entelequias  que tiene a mano o  más le convenzan.  Aunque, puestos a conjeturar,  también podría darse el caso contrario,  de que un pesimista es un optimista decepcionado de la realidad.  Son  muchas  las  suposiciones  y juicios de valor que al respecto se pueden hacer sobre esta máxima lapidaria. No me cabe la menor duda de que todo cuanto  se comente o se haga un juicio de valor sobre este asunto  tendrá su punto de acierto como también de equivocación,   pero el que acabe convertido en un axioma sus conclusión final, estoy plenamente  convencido de que nunca va a ocurrir.  Decía el ilustre filosofo  Arthur Schopenhauer, un irredento pesimista con sentido del humor, que “existe un error innato en la creencia de que hemos nacido para ser felices y quien persevere en esta idea tan absurda el mundo le parecerá injusto y lleno de contradicciones””.  ¿Quién puede negarle el acierto y las sensatas reflexiones que escribe  a este gran pesador alemán, si la mayoría de sus frases sientan cátedra? Yo desde luego que no seré el que se lo niegue. Es más, me reafirmo categóricamente en el enunciado de esta frase, cuya dicción  final me parece auténtico caldo de cultivo para  el pesimismo. Queda claro, que  no debiéramos  esperar mucho de la felicidad, ni tampoco dejarnos guiar psicológicamente por un exacerbado optimismo, para no ser un sempiterno infeliz.. Como un desiderátum se muestras la mayoría de veces lograr la felicidad, en estos tiempos con notoria tendencia a ese  nihilismo existencial  que hace creernos, equívocos o no, que somos muy  desdichados  mientras que el resto de la humanidad vive feliz en su particular mundo de jauja.

prueba

lunes, 4 de diciembre de 2017

ACERCÁNDONOS A LA NAVIDAD

 
 
                                                                                        
De nuevo otro año más  inmersos en los preparativos navideños.  Aunque la verdad, se trata de unos preparativos que  llevan un tiempo considerable  pergeñándose    por  esa absurda manía  que  tienen algunas personas en hacer que cada vez sea más prematuro  poner en marcha toda esta parafernalia vinculada  a la Navidad. Para certificar tal circunstancia, sólo es cuestión de acercarse a cualquiera de los grandes centros comerciales y ver in situ que a principios de noviembre, incluso antes, ya empieza a funcionar ese merchandising que invita a comprar  todo tipo de productos que se consumen típicamente   por estas fiestas. Desde luego que se dan prisa de leches en adelantarla con fines lucrativos,  claro está.  Pero no nos engañemos y asumamos el que hemos renunciado al espíritu  de la navidad  para convertirlo en mercancía de consumo. Por supuesto que el significado intrínseco de la Navidad  debiera ser otro. Tal como lo percibimos durante la infancia, cuando tanto  su esencia como su pureza nos son mostradas en toda  su  plenitud; sin atisbo de mácula alguna. Pero es evidente que al ir  haciéndonos mayores por multitud de razones vamos desengañándonos y esto conlleva a que    miremos con incredulidad todo cuanto es representativo de  la actual  estética navideña. Una suspicacia que       nos hace concebir la idea de que todo    cuanto lleva el marchamo de las fiestas navideñas no es más  que  ese consumismo compulsivo  que tanto incentiva esta sociedad  mercantilizada de la cual formamos parte de ella.  Está claro que la ilusión del capitalismo es que en llegando las fiestas navideñas  el populacho acabe entregado a  una catarsis consumista. Una ilusión que altamente queda complacida porque  se compra  de forma desenfrenada con el agravante de no medir sus ulteriores consecuencias. Resulta arduo  cambiar las pautas  de estas fechas porque los medios de comunicación nos invaden de continuo con sus propuestas consumistas. Normalmente se acostumbra a gastar lo que no se tiene, endeudándose hasta las cejas si es preciso,  para comprar la mayoría de veces cosas inútiles y todo con el fin de que seamos aceptados socialmente.  Resulta un axioma el que estas  fiestas con tanta tradición se han convertido en un lucrativo negocio y  esto conlleva a despilfarrar  de manera incontrolada, con lo cual  según los preceptos de la religión cristiana es la antítesis de como se deben celebrar estas fiestas  de tan hondo calado para la susodicha religión.  Obviamente la conmemoración de los festejos se hace en honor a un supuesto Mesías que según cuenta la leyenda nació   aproximadamente  hace poco más de dos mil años  en Palestina:    país que  hoy en día lamentablemente, por la aquiescencia de la comunidad internacional,  se encuentra sometido y asediado   por  el sionismo israelí. Pues bien,   en el país citado  nació este niño  en un humilde pesebre y en medio de una pobreza extrema. Es obvio que la forma actual de conmemorar tan significativo acontecimiento se aleja cada vez más de la espiritual  pobreza y la humildad con que se debiera celebrar según esta creencia religiosa.  Resulta palmario que toda ese humilde misticismo que intrínsicamente en  su naturaleza lleva implícita  la Navidad se ha suplantado  por el mercantilismo actual, mayormente impuesto por los grandes almacenes que a priori son responsables  de diseñar a día de hoy las fiestas navideñas, por que resultan ser para ellos una especie de “sanctasanctórum”.  Que se de esta situación que tanto favorece el lucro empresarial,  sin duda alguna es por culpa  de incentivar de forma persistente la  cultura de la ignorancia y el despilfarro.  
 



(En mi opinión, creo que más bien lo segundo.)

 
Otra circunstancia que se da por estas fechas que se avecinan, es el repertorio de tópicos y frases que se expresan como si de un cansino mantra se tratara. Me estoy refiriendo a todos esos  mensajes de felicidad y buenos deseos para estas fiestas  con  que de continuo somos agasajados por extraños o conocidos. Si años atrás para este fin se utilizaba el correo postal para  enviar los  tradicionales christmas, hoy en día ha quedado arcaica  esta forma tan  romántica de mensajería. En la actualidad ha sido suplantada por las impersonales   redes sociales, como son el  Facebook, Twister, Isntagran… y en especial el iPhone. ¡Humo va a echar el wahtsap por el constante ajetreo de mensajes!  Por supuesto que también los medios de comunicación, tan oportunistas siempre,  nos bombardearán de seguido con sus entrañables y sofisticados mensajes, los cuales la mayoría tienen claros intereses espurios.   A mi juicio  todo este aluvión de mensajes, aunque estén cargados buenas intenciones,  al final para aquellas  personas que se sienten solas  van a  resultarles una pesadilla  porque les hará recordar  la deprimente situación  de soledad  en que viven de continuo. Luego también está  ese bondadoso eslogan que proclama  "Paz en la tierra por  Navidad". En mi opinión, creo  que el súmmum  de esta mentira   es  el momento de celebrar  la tradicional Noche de Paz.  Ni esa representativa noche, ni ningún otro día más     durante las fiestas navideñas en Siria, Sudán del Sur, Yemen y demás países envueltos en conflictos armados se va a dar una tregua para que   la partes enfrentadas dejen de matarse y  entonen juntas  el "Merry Christmas", con los sanguinarios fanáticos del Estado Islámico  y Al Qaeda haciéndoles los coros.  Por consiguiente,  continuará escupiendo su armamento metralla y balas  y sembrando muertes para seguir dejando constancia en la Historia de la humanidad más vergüenza y más infamia.   Por otra parte,    parece ser que por estas fiestas navideñas  estuviéramos programados   para que artificialmente y de forma colectiva  tengamos que querernos  o desearnos  felicidad. No importa que el resto del año estemos a la gresca unos con otros, sintamos aversión mutua, nos detestemos, etc. Son días  de reciclarnos  y aparcar diferencias y resentimientos  y  de  disfrazarse de buenas intenciones y mejores deseos de paz y felicidad, y otra bondades,  y demos rienda suelta a  la hipocresía, un valor en alza por estas fechas.   Lo más políticamente correcto para estos días  de obligada fraternidad es que todo el mundo debe ser bondadoso, solidario  y feliz  por imperativo navideño.  Luego si el resto del año te toca sufrir o pasarlas canutas por circunstancias de la vida o porque  tu precaria economía no da para más, allá te las arregles tú solo. Al estar fuera de temporada, nadie se acordará de ofrecerte   ni buenos deseos ni gesto solidario alguno.  Por tanto, sólo te quedará esperar todo un año   para  que otra vez  el vulgo te suelte el mismo repertorio de frases artificiales,  por si pueden servirte de consuelo. No quiero que por ser un convencido detractor de la actual estética navideña se me considere un aguafiestas. Para nada. Allá cada uno y cada cual lo disfrute o lo sufra según sus convicciones. Si al final por mucho que uno  despotrique contra este montaje, básicamente mercantil, en mayor o menor medida  acaba formando parte de él. Así que tengamos las fiestas en paz. Faltaría más.
 
 
 
 

jueves, 23 de noviembre de 2017

 
BALADA PARA SABINA
(Joaquín, por supuesto)
 
 
 
 
 
Antes de que la luna
nos cierre sus burdeles
y sobre la tarima de mi cuerpo
ensayen su danza las rameras
al compás de un sexo sostenido
déjame corazón que te improvise
al oído el orgasmo de un bolero
luego me marcharé deprisa,
igual que se fuga la lluvia
cuando resbala por tu espalda.
 
Aunque ya da lo mismo,…
¿qué puede pasar
si te encuentra el amanecer
sudando en mi cama,
o bebiéndote el trago de la  despedida,
ese que nos deja con la resaca
del nunca más volver?
 
Antes de que en tu carne
desnuda madure la manzana
que con arte nos invite a pecar,
no me vendas a precio saldo
el hambre que hoy tengo de ti
lo pagarán en aranceles de besos
que roben a unos labios de hiel,
ni me prometas llevarme al paraíso
en la suite principal del infierno
si sabes que no vas a cumplir.
 
 Aunque ya da lo mismo....
 
Antes de que se oiga tu voz
de gata en celo y me preguntes
yo para ser feliz  qué necesito,
te contestaré lo que siempre me evitas,
morir por tu cuerpo y no resucitar
hasta después  del siglo veintiuno; así
que deja ya de tocarme los cojones
con tanta insinuación, cuando  sabes
que en el inventario de tu vida carnal
soy un don nadie multiplicado por cero.
 
Aunque ya da lo mismo…
 
Antes de que  en la piel
se nos quede tatuada con saliva
la cicatriz de un sueño de vino y rosas,
te convocaré a mi funeral
para que tú, sin marido y sin amante,
enviudes mañana de prestado.
Ya no quiero que me escribas
y me cuentes que cada tarde llegas
con retraso al anden del corazón
y el tren del amor de noche se te escapa.
 
Aunque ya da lo mismo,…
 

martes, 14 de noviembre de 2017

CORTINA DE HUMO

Resulta que  Puigdemont y compañía  con sus ínfulas mesiánicas se creyeron haber venido  a la tierra para cumplir una misión divina,  la cual no era otra que abducir a la masa con arengas y proclamas secesionistas y  prometiéndoles vivir en la arcadia feliz. Mariano Rajoy y su séquito de constitucionalistas   estaban obcecados en cortar por lo sano  con todos los medios   autoritarios y constitucionales   que tuvieron  a  su disposición,  las propósitos  de la parte separatista,  la cual  de forma ilegítima, tal como  nos lo vendían, estaban    dispuestos  a  declarar unilateralmente  la   República de Cataluña.  La que por cierto, a mi juicio al no tener  reconocimiento internacional   hacía agua por todas partes.  Aunque bueno, tal como dice el refrán: "de ilusiones también se vive". El caso es que  la consumación del esperpéntico disparate se hizo realidad. Y a raíz  de esta osadía por parte de los consellers secesionistas,    el Gobierno de Mariano Rajoy y su séquito de constitucionalistas a todos estos "rebeldes" del Parlament les aplicó  el consabido y  polémico   artículo    155   y ya conocéis de sobra las consecuencias: imposición de unas elecciones ya cantadas, multas, cárcel para los cabecillas separatistas, fuga y exilio de opereta, etc. En definitiva, que la mayoría    los ex consellers de la Generalitat  implicados en el esperpéntico dislate secesionista se han tenido que plegar   a lo que ordena y manda el artículo de marras y  que no es otra cosa que una bajada de pantalones con el fin de salir lo más indemnes posible.   Algunos de los que la liaron parda  aquel fatídico 1 de octubre y puso al populacho como carne de cañón en los colegios electorales  para que recibieran porrazos a mansalva por parte de la chusma armada(ellos escaparon sin moratón alguno)  se han largado para Bruselas. Como se ve han sido de los primeros en abandonar la quimera catalana.   Por cierto, también    para glorificar tan  conflictiva circunstancia,    se  ondearon esteladas y banderas  y se desenterraban algunos temidos  y casposos cadáveres infectos de resentimiento y hedor  patrio, todos ellos cubiertos en un sudario rojo y gualda.  Pues bien, mientras todo este   sucedía y  los implicados en esta disputa secesionistas,   en vez de   solucionar el conflicto  a través  del diálogo y la negociación lo agravaban  más con el “yo la tengo más larga” porque he tomado la calle con más banderas y más pancartas que tú,  iban creando una espesa  cortina de humo que no dejaba ver la triste realidad que vive esta “España mía, esta España nuestra” tal como en su día cantó la malograda cantautora madrileña Evangelina Sobredo Galanes (Cecilia).  Creo que no hay que ser muy espabilado para saber que  el pifostio que han montado en Cataluña tanto un bando como el otro,    tal como indico, es una cortina de humo que no está dejando ver los graves problemas que actualmente sufre nuestro país. Mientras que siga este conflicto, y me temo que va para largo porque      esta virulenta espiral secesionista,  enquistada desde hace siglos en la Historia de España,  no van a conseguir pararla ni con   el 21-D., porque el sueño independentista nunca se va a extinguir, puede que temporalmente se aletargue, pero volverá a despertar para continuar siendo la pesadilla del Gobierno de turno. Bueno, como iba diciendo, mientras siga de actualidad, hasta lo indecible    los medios de comunicación continuarán llenando páginas y más páginas sobre el cansino asunto de los independentistas  y por tal razón  se olvidarán  de la grave problemática social  que padece de forma generalizada los españolitos de a pie. Como es por ejemplo el que casi 13 millones de personas en este país se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social. Esto equivale a que el 28 por ciento de su población se encuentre en tan dramática situación. Son datos recogidos a través de un informe de la Red Europea de lucha contra la pobreza. Este organismo resalta que el porcentaje de pobreza en España es uno de los más altos de Europa. Ya ven, somos los primeros en tan lamentable problemática y los políticos siguen más preocupamos  en continuar enzarzados en la contienda  separatista catalana que en buscar soluciones que reviertan esta lamentable y triste situación.  Y eso de que  se jactan en vociferar que la economía española se ha ido recuperando progresivamente después de todos los reveses que ha tenido que soportar durante  estos últimos años    a cuenta de la crisis global. Puede que sea cierto  que se haya recuperado la macroeconomía, de la cual se beneficia las grandes empresas o la banca, y con ello mejora el PIB, en cambio para nada la situación de pobreza se ha visto mejorada. Ha aumentando para toda la población española en su conjunto. Una pobreza severa que en infinidad de ocasiones conlleva a que en algunos hogares  no puedan coger ni una triste semana de vacaciones; o no puedan hacer   frente a las facturas domesticas: agua, luz, gas, etc.
 
 
 
 
 
 
¡Qué tristeza ver como los medios de comunicación se han olvidado de los verdaderos dramas de la triste realidad cotidiana de nuestro país! Parece que la única información que les interesa  darnos es todo cuanto esté relacionado con el procés catalán. Se ha creado una especie de  sinergia en la que aparentemente  nuestras anodinas existencias dependieran de estar plenamente informadas de todo cuanto sucede alrededor de  este conflictivo tema. Si hasta se han olvidado del nauseabundo asunto de la corrupción institucionalizada y de todos esos delincuentes que han metido mano a la caja del erario público. ¿Alguien ha vuelto  leer alguna información de interés acerca del ínclito Urdangarin  tras ese paripé de juicio que se le hizo y en el que supuestamente se le condenó a prisión? Pues bien,  se largó para Suiza y ahí os quedáis pringaos. Y por el país helvético continua “missing”. Viviendo a cuerpo de rey, que para eso es cuñadísimo,  o yernísimo. Faltaría más. ¿Y del corrupto y facineroso mayor del reino, Rodrigo Rato?  Este sujeto también  sigue campando a sus anchas dándose la vida padre con todo el dinero público que ha afanado. Ya ven que este par de  golfos continúan   sin pisar la trena,  por el hecho de que “algo huele ha podrido en Dinamarca”, con referencia el sistema jurídico de este país. En cambio, como todos bien sabéis a los líderes del procés  catalán  los jueces  les faltó tiempo para enchironarlo por sus actos de agitación y  rebeldía, según nos lo cuentan claro está. Cuando les interesa, se dan prisa de narices.  Lo que está bien claro es que la crisis surgida  de Cataluña le ha venido de perlas al gobierno corrupto de Rajoy. Han aprovechado que por un tiempo considerable  su fecal corrupción institucionalizada la escondan debajo de la alfombra. Además resulta que han sido  oportunistas y  con mucha astucia. Comento esto porque la Fiscalía Anticorrupción  no ha encontrado el momento más oportuno que conceder la libertad condicional al ex presidente de la Comunidad de Madrid PePero para más señas, Ignacio González, encarcelado por la trama del Caso Lezo. Como el vulgo estaba distraído mirando para Cataluña, sin problema alguno sale de la cárcel de Soto Real este delincuente que amasó una gran fortuna de dinero a través de la trama del Canal Isabel II. Todos estos deleznables hechos relacionados con la corrupción y el autoritarismo por parte del Gobierno están poniendo seriamente en jaque la regeneración democrática surgida del 15 M. Aquel espontáneo e ilusionante  movimiento del que surgió el partido morado, el cual  nos hizo creer en su momento  que la realidad podía ser transformable. Podemos, Podemos…¿Quién te ha visto y quien te ve?:   Pablo, Pablete,  tu ambigüedad políticamente nos  mata; o más bien  te mata, lenta, pero certera. Ahora, que parece que vivamos en la  época de la posverdad y  con esta calma tensa  sólo ya nos queda esperar que el diálogo y la inteligencia se impongan a la sin razón y la intolerancia y que  juntos  consigan el que  se vayan difuminado las columnas de humo y se arríen esas banderas de las partes en conflicto  que cargadas de intransigencia todo lo inundan para poder comprobar  que el porcentaje de pobreza en España está felizmente disminuyendo  y que los políticos enfrentados dialoguen  con el fin de   construir  más puentes que nos acerquen y menos muros  que nos separen

prueba

jueves, 9 de noviembre de 2017

QUITARSE DE EN MEDIO

 
Muchas veces me he preguntado cual es la razón que lleva a una persona  al suicidio y  no consigo hallar  respuestas convincentes que despejen cuantas dudas  tengo acerca de este fenómeno especialmente complejo y muy extendido a nivel global, porque según   un pionero informe de la Organización Mundial de la Salud  800.000 personas  se suicidan anualmente en el mundo y el 75 por ciento de estas personas proceden de los países de bajos ingresos. Es evidente  que el testimonio de     la OMS deja constancia que  donde mayor pobreza extrema se ubica en el Planeta, más se dispara la tasa de suicidios. Normal que se de esta dramática situación, porque la exclusión social engendra tan insoportable desesperación que la mayoría de veces aboca  a la persona a  un trágico final. La crisis global desde luego que ha influido significativamente en la tasa de suicidios. A mí personalmente  siempre me ha resultado intrigante lo mismo que   atrayente  las razones del por qué de forma voluntaria uno decide quitarse de en medio. Quizá quienes acaban actuando así lo hacen como la única solución que ven ante sus graves problemas  o sufrimiento crónico. Es obvio que cada persona tiene un modo muy particular de enfrentarse a sus problemas personales, lo cuales pueden llegar a provocar sentimientos de desesperación incontrolada que ineluctablemente se ven abocadas a tomar  decisiones impulsivas basadas en situaciones que parecen no tener esperanza o solución. Según la postura de Platón, el suicidio es un acto de “flojedad” y “cobardía”.  Estoy seguro que habrá un número considerable de personas  que  corroborarán las palabras de este filósofo de la antigua Atenas  porque lo verán  como la forma  más sencilla y pusilánime de escapar de su acuciante y particular  problemática.  Yo en cambio discrepo porque para nada lo veo como un acto cobarde; más bien me atrevería a afirmar que resulta todo lo contrario. Hay que tener mucho coraje y rotunda capacidad de decisión para  quitarse de forma voluntaria la vida. Simplemente por el miedo a lo que nos puede tener  reservado la muerte una vez que físicamente desaparezcamos.  Estoy plenamente convencido de que  a  consecuencia de  ese  desconocimiento ulterior a la muerte   la tasa de suicidios no se dispara.  Aunque desgraciadamente hay quienes no temen corolario alguno sobre su trágico final y    deciden suicidarse por que carecen del más mínimo interés  y aprecio por seguir viviendo. Aunque a mi juicio, creo que el suicidarse no es  una cuestión de ser valientes o cobardes, es más cuestión de  desesperación al límite.



No me cabe la menor  duda    de que el suicidio básicamente está  originado por problemas de salud mental; como por ejemplo   la depresión. Son  muchas las  razones por la que se puede caer    fácilmente en una depresión severa que amenace nuestra vida.   Pero según la OMS la depresión no es el único trastorno de salud mental asociado al suicidio, pero si el más común. Está claro que muchas veces quitarse voluntariamente de en medio es la expresión más extrema de la depresión y  el resultado de un episodio psicótico más en la existencia de una persona que está totalmente convencido que   debe morir ya que  por alguna razón su presencia terrenal no tiene sentido para nadie. Otra cosa  que me resulta muy  preocupante    son  los intentos de suicidio, o la consumación de los mismos, que se dan comúnmente entre los adolescentes afectados la mayoría de ellos  por un terrible sentimiento emocional causado por una  pérdida o rechazo. Todo  por culpa de  carecer de la  experiencia suficiente para saber que las heridas y otras desventuras de la vida se pueden ir curando con el tiempo. Lo que también  acostumbra a descolocarme  psicológicamente, como   a su vez  tampoco deja de sorprenderme, son  los casos de personas que aparentemente lo “tienen todo”: belleza, juventud, fama, dinero…y  de manera impulsiva y desenfrenada fruto de una crisis personal que no han sabido manejar,  deciden quitarse de en medio. Esto indica  que todo no debían de tener para acabar con su vida tan trágicamente.  Acaso carecían de lo más intrínseco y que es a priori  condición sine qua non para   sentir que vale la pena seguir viviendo.  Por tanto   ni la riqueza material ni la belleza física les llegó a compensar   ese vacío existencial que es de suponer  sentían  desesperadamente    y que terminó   llevándoles por  funestos derroteros.   

 Claramente este asunto del que ahora os estoy hablando   más bien   incumbe a los profesionales   en el campo de la psicología, o la  psiquiatría, doctos en la doctrina freudiana   y no a un letraherido profano en este  complejo asunto.  Por tanto, las opiniones vertidas al respecto por un servidor  dudo que tengan mucha consistencia.  Aún así me he tomado la licencia de expresar mi opinión sobre este  serio asunto que parece ser supuestamente una epidemia silenciada por los medios de comunicación. Y cuando sale una noticia relacionada con esta cuestión  se la distorsiona bastante. Yo me pregunto ¿por  qué esa imposición silenciosa? No será por que temen que hablar abiertamente del suicidio incita a llevarlo a la práctica. Yo estoy seguro que causaría más bien el efecto contrario como es  el  prevenir  lo que parece ser la primera causa de muerte no natural. Se encuentra  por delante de los accidentes de circulación y la violencia de género. Sin ir más lejos, en este país, me refiero a España, alrededor de unas 10 personas por día son las que voluntariamente se quitan la vida. Frente a las víctimas mortales de tráfico y de las agresiones machistas,  continuamente se hacen campañas de prevención , de sensibilización; en definitiva se actúa.    En el caso del suicidio, tal  como indico, el silencio  es lo normal. Es como si de un tabú se tratara. Yo pienso que los propios suicidas y sus familiares merecen más comprensión, más ayuda, más prevención y sobre todo más franqueza. Por otra parte, lo que resulta notorio es que nunca sabremos realmente que puede pasar por la mente de una persona que decide quitarse de en medio voluntariamente.  Todo han de ser  conjeturas a la hora de analizar sus motivos.  En cambio  lo que no admite  hipótesis alguna  es que un suicida  apuesta palmariamente por la muerte en detrimento de esa  mágica sensación que día a día  nos hace comprobar in situ  que la vida, con  sus luces y sus sombras,  continua  siendo  una   una  experiencia única e irrepetible.
 

lunes, 23 de octubre de 2017

FELICIDAD

 
  
Que todo el mundo sin excepción aspira a ser feliz  como uno  de sus objetivos prioritarios resulta incuestionable. Pero las preocupaciones, la tristeza, la soledad, el miedo, la enfermedad, etc; así como  la situación social y económica que  en estos críticos  momentos    estamos viviendo de forma global,  en nada ayudan a lograr ese objetivo. Yo aseguraría que más bien   promueve la infelicidad. Hecho este breve preámbulo, ahora yo me pregunto,  ¿pero realmente qué es la felicidad?  Así de simple es la pregunta, pero a mi criterio    su respuesta    resultar bastante  mucha más compleja y difícil. Según mi propia opinión,  la felicidad podría ser algo así como un estado de ánimo optimista, alegre, placentero…que se produce en la persona cuando ésta cree haber conseguido de manera satisfactoria los objetivos deseados. Es evidente que tan sólo es una apreciación personal que a modo de síntesis  defino el concepto de felicidad.  Verdaderamente definirla es tarea ardua porque resulta una de las explicaciones más complicadas y difíciles; lo mismo que tratar de sintetizar su concepto en sí porque es muy amplio y profundo en significados. Está claro que la felicidad incluye esencialmente la alegría, pero quizá de manera contradictoria no excluye al dolor.  Tratar de analizar con mayor  enjundia este tema sobre que el dolor  forma parte también de la felicidad sería un complejo asunto que supongo nos haría adentrarnos  en disquisiciones relacionadas con  la Psicología.  Como  me considero profano en este complicado tema, será mejor dejarlo para los entendidos en las enseñanzas Freudianas. Por consiguiente, para no cometer alguna osada incoherencia, obviaré  cualquier comentario al respecto.




 

Lo que si conviene tener muy claro es  el que  la felicidad  absoluta,  no existe. Empeñarse en conseguir  que  de  manera   incondicional    esté  permanente  con nosotros, sería una obcecación inútil. Conformémonos por tanto con su presencia transitoria y  así de esta manera   tratar de vivir grandes o pequeños momentos satisfactorios  día a día. Por regla general la felicidad tiende a aparecer y desaparecer de forma constante en nuestro modo y manera de vivir.  Las circunstancia de la vida, tanto las negativas como las positivas, son quienes   forman el rasgo existencial del ser humano y esto hace improbable que sea continua  su permanencia por palmarias razones. Lo que realmente existe es una controversia  muy generalizada sobre el modo de cómo se ha de  buscar la felicidad,  si es a través de acumular posesiones materiales; como por ejemplo disponer de una enorme fortuna de dinero, o por el contrario guiar esa busca hacia esa riqueza  que posee en su interior de cada persona. Una cuestión que siempre acarrea discusiones entre partidarios de una y otra tendencia. Estoy seguro que todos conoceréis sobradamente ese refrán popular que dice “no es más feliz el que más tiene sino el que meno necesita”.  Por muy certera que resulte  esta  máxima lapidaria,  son muchas las  personas que para nada están de acuerdo con esta  cuestión porque no les acaba de convencer la aserción de tan atinada sentencia. Es evidente que el dinero es un vínculo para aspirar a ser felices. Negarlo sería mentir  porque  hay duda    que nos  ayuda- y mucho-  a vivir con mayor continuidad esos momentos felices. Pero a mi juicio, a la postre resultaría craso error si basáramos únicamente la busca de la felicidad a través del dinero. Desde el punto de vista de la Psicología,  la riqueza interior de las personas, y los valores esenciales  que manifiesta esta consubstancial  riqueza, contribuirán   a prolongar la permanencia de la felicidad. Como ya he comentado resulta muy rebatible el tema por el simple hecho de que cada sujeto tiene su propia visión al respecto y estará convencido  que su propia elección a de ser  la más acertada  y por consiguiente será su mejor manera de lograrla. Es un axioma que la combinación de ambas riquezas es garantía de conseguir el mayor la permanencia de la felicidad el mayor  tiempo posible. Pero por desgracia siempre surgen impedimentos de todo tipo durante el transcurso de nuestra vida que acaban impidiendo ser dueños de una u otra fortuna. Y así  nos vamos conformando  con pequeñas dosis de felicidad que vamos  apurando lentamente.

Después de todo, y bajo mi modesta opinión, para ser feliz sólo es necesario estar siempre  receptivo a cuanto nos ofrece de manera positiva la vida. Recibir sus dádivas con optimismo y alegría y tratar de disfrutarlas   en un constante Carpe Diem. Lo que sí debiéramos   evitar a toda costa, es tener una visión catastrófica del futuro que acabe anulando tus ganas de seguir  buscando cualquier forma de felicidad y haga que te resignes.  No hay que     darle excesiva importancia a todos esos  serios problemas que acostumbra también a   proporcionarnos  la existencia.  Sin obsesionarnos, ni angustiarnos,  sólo intentar darles la importancia que justamente se merecen. Y claro está, tratar de buscar  las  soluciones que mejor  estén al alcance de nuestras posibilidades. Desde luego que se puede calificar de auténtica  perogrullada esto de  que a más importancia le demos a los problemas, menos tiempo de felicidad nos tocará vivir durante nuestra efímera existencia.  Estoy seguro de que cada persona sabrá encontrar  los supuestos caminos que le lleven hasta esa meta donde podrá  conseguir ser feliz. Muchos son los libros que se han publicado para ayudarnos a lograr ese objetivo. Confieso que nunca he leído libro alguno con esta temática, por tanto desconozco su eficacia, así  que no se hasta cuánto sirven de autoayuda la lectura  de los mismos.  De lo que sí estoy plenamente convencido, es que ser feliz es otra forma más de resistir.