martes, 11 de julio de 2017

VIVIR DE LAS APARIENCIAS

Cuanta razón tenía la célebre actriz italiana de finales del siglo XIX y principios del XX, Eleonora Duse, cuando dijo aquello de que "el mayor peligro de engañar a los demás, está en que uno acaba inevitablemente engañándose a uno mismo". Por desgracia el autoengaño es un rasgo bastante frecuente que se da en el ser humano. Y toda esta farsa es debido a las apariencias, que no son otra cosa que el querer manifestar, o dar a entender, lo que no es o no hay,  según la acepción que  recoge   el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Lo que no admite mucha duda es que resulta un esnobismo absurdo vivir de las apariencias por culpa de las tendencias que imponen las modas. Esto ocurre muy común hoy en día en distintos aspectos de la vida; como también en los momentos de la celebración de algún evento social o familiar, al que por mor de las apariencias a veces se llega a mostrar un nivel de estulticia supina. Pero es lo que impone esta sociedad que nos exige mantener una falsa imagen frente a los demás, todo con el fin de aparentar lo que no eres de manera superficial, mientras  en tu interior careces de lo más básico para vivir.  Resulta muy descorazonador formar parte de una sociedad que tiene más consideración con aquello que aparentas ser  que por tus cualidades intrínsecas. El aparentar es con frecuencia un intento de destacar de forma superficial ante la inseguridad y la falta de autoestima que a uno le falta,  por tanto no deja de resultar esta actitud un autoengaño. Con mucha asiduidad  nos colocamos  metafóricamente  unas máscaras con el propósito de que las demás personas nos crean, pero lo habitual es que acabemos creyéndonos  nuestra propia farsa y a su vez nos entren  dudas a cuenta  de si también los demás nos la habrán creído. Este es  el peligro que se corre intentando  engañar a los otros.  Pero cuando se hace de esta farsa nuestro modus operandi resulta muy difícil y complejo tratar de ser lo más auténticos posibles, razón por la cual vivimos de continuo siendo víctimas de nuestra propia mentira.



( Resulta cruel y dura esta  frase, pero terriblemente cierta)
 
Otro asunto que está muy de actualidad y que guarda estrecha relación con las apariencias es el "postureo". Un neologismo acuñado recientemente y usado en especial en el contexto de  las redes sociales y que  en mi opinión tiene una utilidad despectiva. Algunos medios de comunicación han llegado a catalogar esto de posturear como una epidemia. No van mal encaminados  al considerar así a esta forma de comportamiento o pose que se muestra más por pura imagen que por motivación. Según mi criterio se trata de exhibicionismo puro y duro que requiere público, cuanto más mejor. Esto supone   vivir cara a la galería en todo lugar y a todas horas. Otra cosa que me tomo la licencia de comentar sobre este asunto, es la sospecha que tengo acerca de algunos de los eventos que se organizan por diferentes causas solidarias. Me temo   que la mayoría de veces en todos ellos    subyace cierto postureo con el propósito de quedar bien ante los demás. Desde luego que en todas esas galas o comidas benéficas que se organizan con el fin de recaudar fondos para algún proyecto solidario y los asistentes al "sarao humanitario" son ricachones que están podridos de dinero o personajes vinculados al mundo del famoseo,    apesta en esta ocasión a postureo de echarte para atrás. No se, igual es que debo ser muy suspicaz y por este motivo para mí esta clase de filantropía envuelta en glamour está siempre bajo sospecha. Aunque bueno, dejando atrás el supuesto exhibcionismo, hay que reconocer que su voluntad solidaria es digna de elogio.
 
Resulta palmario el que las apariencias son  muy contagiosas en la actualidad por esa tendencia generalizada que existe de que  cada día hay más personas obsesionadas con el éxito y el enriquecimiento. Todo el mudo ambiciona querer ser mejor y más que el otro. Y es obvio que para alcanzar estos objetivos,  normalmente es una obligación representar un beneficioso papel al margen de nuestra propia autenticidad. La mayoría de veces la obligación de aparentar viene impuesta por la frenética  sociedad que vivimos basada en ese capitalismo salvaje que de continuo trata de vendernos bienes innecesarios. También esta misma sociedad acostumbra a castigar la sinceridad y nos obliga a esconder nuestros sentimientos y nuestras necesidades con el fin de que seamos cautos con nuestros afectos. De ahí la razón por lo que nos creamos la susodichas máscaras con el fin de tratar de ganarnos el cariño y la aprobación de los otros y también con la intención de que tras  ella  pueda ocultarse nuestro interior, el cual nos grita ayuda con urgencia. Estamos de continuo a la defensiva y nos da bastante temor mostrarnos con todos nuestros defectos y virtudes. Existe un miedo generalizado al que dirán y esta  circunstancia  acaba por generar angustia y estrés. Resulta bastante complicado tal como funcionan las directrices de esta anómala sociedad tener el valor necesario de aceptarnos tal como somos. Para ello es de imperiosa necesidad disponer de una autoestima "aprueba de bombas". Será el único modo de eliminar esa falta de creer en uno mismo y de no continuar siendo esclavo de la farsa y la hipocresía, que es realmente lo que conlleva vivir de las apariencias. Forcémonos en conseguir  ser lo más auténticos posible, aún con el riesgo de no gustar o no ser aprobado por los demás. Es evidente que conocer nuestras limitaciones y capacidades nos permitirá aceptarnos tal como verdaderamente somos.