martes, 17 de octubre de 2023
lunes, 2 de octubre de 2023
REFLEXIONES DISPERSAS (OCTUBRE)
Emergencia
climática.
Me gustaría ser un optimista y opinar lo mismo que esos
incrédulos del cambio climático, aunque por desgracia tendría que equipararme a
todos esos individuos que hacen que exista actualmente una gran polarización
derivada de la extrema derecha negacionista interesada en desprestigiar a la Ciencia. Pero aún con este contratiempo,
tendría la oportunidad de refrendar que se trata de una gran mentira porque a lo largo de la vida del planeta ha habido grandes extinciones y éste
siguió adelante, y que por tanto si llega el momento no iba a ser menos. Pero
me temo que en esta ocasión no va a ser como viene ocurriendo ancestralmente
por el hecho de que siglos atrás no se daba la circunstancia igual que se está
dando ahora, y que no es otra que el de correr un riesgo real de que
desaparezca toda la especie humana a causa de su autodestrucción. Y todo por
culpa de ese comportamiento irrespetuoso y agresivo que mostramos hacia el
medio ambiente debido a esa forma tan perniciosa con la que hemos ido
evolucionando a lo largo de los siglos, en especial los dos últimos.
Lamentablemente quien nos ha llevado hasta el peliagudo problema del cambio
climático ha sido nuestro modo de vida. Y lo peligroso es que no queremos
renunciar a él y su proceso catastrófico se está acelerando. Por esta razón el
planeta nos está enviando sucesivos avisos a través de insufribles olas de
calor, terremotos devastadores, lluvias torrenciales, sequías prolongadas… A mi
juicio es la forma de protestar, de quejarse, de vengarse, por nuestros excesos
y nuestras reiteradas agresiones contra él. Algo así como el Karma: lo que das,
recibes. Pero nosotros erre que erre: seguimos en lo mismo porque aquí ni dios
renuncia a sus privilegios de vida acomodada y de dar rienda suelta a todos sus
inconscientes desproporciones. Habrá que tener en cuenta que no es la Tierra la
que está en peligro, sino nosotros mismos, a ver si de esta manera cambiamos
nuestros hábitos y forma de consumo y así es probable que todo vaya mejor. Pintan bastos, tanto para el
planeta como para la supervivencia del Homo sapiens en un futuro, si
continuamos plegados a las órdenes de este capitalismo salvaje que nos somete a
un consumo inconsciente y desproporcionado. Cada vez nos va quedando menos
tiempo. Y como no hay que creer en soluciones mágicas porque desgraciadamente
no las hay, sino en nuestra empatía y nuestro compromiso con el medio ambiente,
cuanto antes urge concienciarse con esta emergencia climática y actuar de
manera diferente pero hoy mismo; como por ejemplo cambiar nuestra forma de consumir
y nuestra relación con la naturaleza. Estoy plenamente convencido de que
podríamos seguir viviendo bien pero con menos. A día de hoy todos los excesos
que cometemos tienen un coste ambiental que tarde o temprano lo pagaremos
terriblemente caro. Y sino al tiempo.
Autoestima.
Estoy convencido de que Instagrán, y las redes sociales en general
tienen mucha culpa de los complejos que tanto nos amargan la vida. Los cánones
de belleza que se muestran en las redes sociales, mayormente con filtro, son
perniciosos y muy tóxicos porque por que cuando hacemos comparaciones lo normal
es que acabamos insatisfechos y
mentalmente esta circunstancia nos hace
muchísimo daño. A menudo tratamos de ajustarnos a los cánones de belleza y
caemos en el error de las dietas. Se
asocia la delgadez con el éxito y la gordura más bien con el fracaso. Estos
cánones estéticos exhibidos en las redes sociales provocan que tengamos una
autoestima muy baja, que detestemos nuestro físico y esto obviamente afecta la
motivación de vivir y también las relaciones sociales. Lo ideal sería pasar olímpicamente de los irreales y adulterados cánones de belleza de
Instagrán y aceptarse uno mismo tal como
es. No tiene porqué gustarte todo de ti simplemente aceptarte. Ser lo más
amable contigo mismo como lo harías con otra persona. Pero este hecho no tiene
porque impedirnos el que intentemos mejorar, no con la idea de llegar a ese
ideal de perfección que nos marcamos, o
nos impone la industria de la estética,
sino no a querernos cada día un poco más con todas nuestras
imperfecciones, será una forma idónea de realzar nuestra autoestima a fin de
vivir una vida en plenitud.
Vienen
para quedarse.
Solemos decir que el tiempo lo cura todo y no es cierto,
simplemente lo mitiga. Por esta razón nunca desaparecerá cualquier vacío o
herida existencial que nos perturbe interiormente. En el caso del fallecimiento
de un ser querido esa pena permanecerá muy dentro de nosotros eternamente.
nuestra vida futura dependerá mucho si somos capaces de domesticar esa pena, de
habituarla y de incorporarla a nuestro
propio día a día. Resulta triste, y cuando no doloroso, el tener que adaptarse
a las sucesivas e ineluctables ausencias
y sus consubstanciales vacíos. Pero lo más terrible de todo ello es que tanto
el dolor como la ausencia no están de paso, sino que han llegado para quedarse a perpetuidad en nuestras vidas.
jueves, 21 de septiembre de 2023
martes, 5 de septiembre de 2023
MALA PRAXIS
El pasado 31 de agosto apareció en los medios de información digital la luctuosa noticia del fallecimiento de la actriz y presentadora de televisión Silvina Luna, constaba de 43 años de edad. Esta joven de nacionalidad argentina, en el momento de su óbito sufría insuficiencia renal a consecuencia de una mala praxis en una operación estética que se realizó allá por el año 2011. La operación en sí se trató de un aumento de glúteos que por negligencia del cirujano plástico le causó un largo sufrimiento y que ha acabado con su muerte en la fecha señalada. Por cierto, en esa lejana intervención le aplicaron metacrilato, un material plástico que habitualmente se emplea para reforzar prótesis de huesos y de dientes, pero que por aplicarse en cantidades mayores a las recomendadas acabó filtrándose mortalmente al torrente sanguíneo de esta mujer. El cirujano de marras, y responsable de su muerte, es un tal Aníbal Lotocki: un sujeto que ya había sido denunciado por otros famosos por su reiterada negligencia. En febrero de 2022 fue condenado a cuatro años de prisión y cinco de inhabilitación para ejercer la medicina al ser acusado por alguna de sus víctimas afectadas de lesiones graves. Me perece vergonzoso e indignante que no le hayan inhabilitado de por vida para ejercer su profesión a este “carnicero” por los gravísimos casos originados por su mala praxis. La sombra de toda sospecha está detrás de esta condena por el hecho de haber sido castigado únicamente por un periodo muy corto de tiempo. Estoy convencido de que al terminar tal supuesto castigo volverá a ejercer su profesión como si tal y seguirá poniendo en riesgo la vida y la salud de cuanta desdichada pase por sus manos. Son hechos que muestran la "impunidad de quien tuvo y tiene el poder de manipular cuerpos en el sistema médico", por la presumible protección que cuenta en los tribunales. Pero al margen de la impunidad que ante la justicia que goza este cruel cirujano, o la tristeza que supone el largo drama vivido por esta joven y su posterior fallecimiento, lo que me resulta bastante absurdo es el hecho de entrar en un quirófano para llevar a cabo una operación relacionada con los arreglos estéticos a nuestro cuerpo buscando la supuesta "perfección física", claro está. Si se hace de imperiosa necesidad la entrada por el bien de nuestra salud, no hay objeción alguna; pero en cambio, hacerlo por algo tan frívolo como es el de una intervención por estética me parece de una gran estupidez. Supongo que habrá quienes defiendan la tesis de que una intervención de este calibre se hace con el fin de que la persona logre quitarse complejos físicos a fin de sentirse más a gusto su cuerpo. Podría resultar perfectamente válido su razonamiento, pero seguirá sin convencerme y continuaré pensando que se trata de una estulticia supina el poner en riesgo nuestra vida y nuestra salud por algo tan superficial e innecesario.
¿ No les parece que lo más conveniente sería el que hubiera menos implantes estéticos y más cerebros con la finalidad de pensar y reflexionar más ?: un poco menos aparentar y mucho más ser seguro que nos vendría mejor a todos porque iría en beneficio de nuestro estado mental. Resulta de vital importancia, y de necesidad, aceptarse uno mismo tal como es y sobre todo tener mucho amor propio. También evitar en lo posible confundirnos con egos narcisistas que con toda probabilidad acabarán trayéndonos por la calle de la amargura. Seamos conscientes de que la perfección no existe y que el bisturí del cirujano o las pócimas milagrosas que nos vende la industria de la cosmética no van a lograr jamás redimirnos de nuestras supuestas “miserias físicas". Aquellos desdichados que traten enconadamente buscar la perfección con cuanto medio estético disponga a su alcance nunca serán felices. Hay que saber envejecer con dignidad y con toda naturalidad, por muy difícil y desolador que resulte este proceso. Cuando alguien vive a través de la valoración de su físico por parte de desconocidos, como fue el caso de la susodicha actriz y presentadora, surgen estos traumas mentales de no aceptarte tal como eres sino como quieren que sean. Y claro, llegando a este punto, suele ocurrir lo que no queremos que pase: es obvio que si juegas con fuego lo normal es que te quemes. Lo lamentable es que puedas terminar convirtiéndote en ceniza. Y mí personalmente más allá de catalogar de una frivolité ilógica este tipo de intervenciones, me da mucha pena y tristeza que mueran jóvenes como Silvina Luna y otras tantas víctimas más en manos de estos “carniceros de la estética”. Pero hay que reconocer que en el asesinato de esta joven argentina también participó el heteropatriarcado que maneja el sistema capitalista de la belleza “ideal” que toda mujer debe tener. Un sistema que desde décadas viene diciendo, o más bien imponiendo, como tienen que ser físicamente las mujeres para lograr tener éxito en todos los aspectos de la vida. Lamentablemente son bombardeadas de continuo con los estereotipos y cánones de belleza que el sistema impone y las presionan a responder a ellos, y quienes no logran satisfacer sus expectativas son discriminadas. Por esta razón someten sus cuerpos a una serie de prácticas invasivas que evidentemente ponen en riesgo su salud y su vida. La presión social que existe en este momento hacia las mujeres había que considerarla como “violencia estética” por la palmaria agresión que sufren por causa de la estereotipación de la belleza. Es difícil nadar contracorriente en una cultura y sociedad donde todo parece girar en torno a la sobre valoración del aspecto físico y la obsesión por las dietas. Resulta un axioma el que la industria de la cosmética y del mundo fitness contribuyen a mantener disgustadas a las mujeres con sus cuerpos de manera interesada. Lo que debemos tener bien claro es que cada persona es un mundo, como lo es su físico y su mente. No podemos caer en la trampa de compararnos con los demás. Tendemos a ser exigentes con nosotros mismos, por tal motivo corremos el riesgo de acabar odiando a aquello que somos. Así que menos angustiarse o estresarse por nuestro físico, seguro que en algún momento lograremos que alguien nos encuentre físicamente hermosos. Sólo es cuestión de considerar que somos una belleza sin descubrir esperando que nos miren unos ojos correctos.
martes, 1 de agosto de 2023
sábado, 29 de julio de 2023
jueves, 13 de julio de 2023
DE HÉROES A VILLANOS
Verdaderamente somos muy olvidadizos; o cambiantes como veletas. Quizá sea algo inherente a la condición humana tener esta cualidad nada meritoria; más bien todo lo contrario. Posiblemente nos dejamos llevar por la situación, y dependiendo si ésta resulta negativa o no, actuamos de un modo u otro. Hago este comentario a raíz de una información que leí días atrás en la prensa la cual informaba de las denuncias por agresiones a las enfermeras había aumentado un 71% en los últimos años. Esto viene a indicar que una vez que aparentemente nos hemos visto liberado de los miedos generados por la crisis sanitaria hemos vuelto a las mismas y mostramos una actitud violenta contra los profesionales de la medicina como antes de la pandemia, volviéndose a registrar cifras alarmantes de agresiones. Qué fácil le ha resultado a la Sociedad en general pasar de los aplausos a las agresiones. Siempre temí que todos aquellos atronadores aplausos que sonaban puntualmente en los balcones cada día a las ocho de la tarde se volvieran lanzas. Por desgracia así ha resultado por que las agresiones al personal sanitario se ha vuelto tan cotidiano que da rubor no reparar en un factor de riesgo más añadido a una profesión que no escatima esfuerzo por el bienestar ajeno. ¿Donde quedó el reconocimiento de su heroicidad? Batallaron hasta quedar exhaustos; muchos de ellos se contagiaron gravemente perdiendo la vida varios, todo ello con el fin de cuidarnos o salvarnos. Pero todo su esfuerzo, su dedicación plena, su sacrificio, sus muertes... parece que no ha servido para nada cuando lees noticias que indican el que las agresiones verbales y físicas a profesionales de la Sanidad se van acrecentado. Por esta razón es lógico que se encuentren tristes y desamparados. Una sociedad en el más amplio sentido de la palabra no puede permitir que este tipo de acciones se produzcan en lugares que están destinados al cuidado de las personas. Ante esta lamentable situación que en la actualidad está sufriendo la profesión médica me repatea hasta los higadillos recordando aquellos aplausos que resonaban en los balcones y ventanas, porque analizando la situación de violencia y falta de respeto que sufre el personal sanitario, me parece que todo aquello fue un ostentoso postureo. El miedo nos hizo engrandecerlos y catalogarlos como auténticos héroes: la muerte nos golpeaba con toda su crudeza y necesitábamos este tipo de titanes con bata blanca que mitigaran nuestra angustia. Una vez que ha quedado atrás tan dramática situación ahora parece que les tratásemos como villanos. Que desagradecidos y cuando no perversos somos, la verdad. Pero aún así, ellos continúan igual que siempre: desempeñando su necesaria labor profesional, en beneficio de la salud de todos los ciudadanos, sin escamotear dedicación y esfuerzo alguno. Porque su compromiso y su labor profesional no admiten duda alguna, y siempre estarán ahí para cuidarnos y protegernos, esté presente o no el letal Coronavirus. Pienso que tal vez ya no sea necesario verlos como auténticos héroes, pero tampoco como villanos, sino reconocer sus méritos y respetar debidamente su trabajo , porque se trata de serios profesionales de la sanidad que desempeñan una labor muy necesaria por el bienestar ajeno. Si cuando la situación lo requiere, confiamos nuestra vida en ellos, entonces, ¿porqué nos comportamos como auténticos energúmenos y los agredimos verbal o físicamente? Suele darse la casualidad que en ocasiones el personal sanitario paga las frustraciones de pacientes y familiares por las consabidas demoras o problemas que puede presentar el sistema sanitario. Al estar en primera línea la profesión médica esto supone hallarse en una mayor exposición a los insultos y las agresiones.
Resulta triste comprobar que un personal que está exhausto, dejando de disfrutar vacaciones, pagando la ineficiencia y falta de respuesta de la Administración todo por cuidar al resto y al que algunos energúmenos todavía pagan con la ofensa. Que bochornoso y vergonzante me resulta este comportamiento. Como triste me resulta también el que las agresiones a médicos y enfermeras vayan en aumento. Esto es lo que indica las denuncias puestas sobre tan escabroso asunto. Me temo que existirá otras más agresiones que por una u otra razón no son denunciadas, pero que no cabe duda de que elevaría aún más si cabe el tanto por cierto de las denuncias por conducta agresiva al personal médico. Yo me pregunto: ¿en qué cabeza cabe desatar la ira de esta manera? Toda agresión es intolerable y execrable, pero hacerlo con quienes se dedican en cuerpo y alma a los demás es inadmisible. El efecto en los profesionales es demoledor, y no se le pone freno. Pero tampoco nos llevemos a engaño, este agresivo comportamiento que se está dando entre los profesionales de la medicina es el fiel reflejo de la sociedad actual y algo que también se observa en otros ámbitos. En especial en el sistema educativo donde también las denuncias por violencia e injurias hacia los profesionales de la enseñanza, por parte de los alumnos o familiares de éstos, siguen creciendo. Intolerable a todas luces resultan estos comportamientos tan infames, cuyas secuelas afectan gravemente a los agredidos, los cuales la mayoría necesitan apoyo psicológico para continuar desempeñando su labor profesional con toda normalidad. Es necesario promover una sanidad sin violencia. Para ello habría que hacer campañas de sensibilización con esta problemática, empezando por respetar y cuidar a los profesionales, para que ellos también nos cuiden a nosotros, claro está. Pero, es bien poco lo que al respecto se hace. Por descontado que hay que señalar a los políticos por esa escasa implicación que muestran a fin de solucionar esta problemática. Todo cuanto hacen al respecto me parece insuficiente.





