lunes, 20 de julio de 2026

QUE LOS ÁRBOLES NO TE IMPIDAN VER EL BOSQUE (CAMPEONES DEL MUNDO)

La selección española de fútbol capitaneada por Luis de la Fuente Castillo ha conseguido la gloriosa proeza de  ganar  el campeonato del mundo, ole sus huevos.   Que ahora van a sacar pecho los futboleros de la selección española en cada partido cuando luzcan públicamente la segunda estrella en la camiseta, no tengo duda. Que ha sido una catarsis colectiva de alegría y disfrute con el triunfo de la selección, no lo discuto; como tampoco cuestiono que ahora en adelante  España va a ser  el no vas más dentro del panorama  futbolístico  a nivel del mundo mundial. y sus rivales se van a ver obligados a rendirla pleitesía. Yo la verdad es que no se hasta cuanto durará esta “resaca” originada por el “pan y circo” moderno que nos brinda el fútbol, el cual  consumimos el producto en cantidades industriales  con tanta devoción, tanto interés, tanta  ansia, que  al final acabamos anestesiados, por que para el populacho el fútbol es su particular opio. Hay que reconocer que resulta muy  satisfactorio y alucinante gritar eso de ¡Campeones, Campeones, oe, oe, oe!….Pero el caso es que hoy mismo, entre gritos silenciosos y placentera resaca me ha dado por mirar a modo grosso datos relacionados con la situación social-económica del país, por si tan exaltada y patriótica euforia había logrado liberar al país de sus miserias socioeconómicas , y tristemente me he encontrado con el déja vu de costumbre, y después de el subidón  que me dio el ser campeones,  me he venido anímicamente abajo porque es una triste realidad saber que la alegría en casa del pobre dura muy poco. Ahí van algunos datos para que juzguen y valores ustedes mismos:

España sigue entre los primeros puestos de pobreza en la UE: cuarto país con más población en riesgo de pobreza y exclusión
Hoy día acceder a una vivienda en España se ha convertido en el principal problema del país, con los precios de compra y alquiler en máximos históricos impulsados por la falta de oferta y la alta demanda.
La juventud en España enfrenta un futuro marcado por la incertidumbre, donde hasta un 82% de los jóvenes de 18 a 34 años teme que vivirá peor que sus padres. La tasa de paro juvenil (menores de 25 años) en España se sitúa en el 24,5%, superando ampliamente la media de la Unión Europea.

El discurso de odio y la xenofobia en España han experimentado un endurecimiento significativo, impulsados por formaciones de ultraderecha como Vox y otros movimientos radicales…

Y así un suma y sigue de funestos episodios que sufre la situación socioeconómica del país. Que iluso soy, me creí que el haber sido campeones del mundo libraría al país de sus penurias, y nada de nada. Por que hoy vivimos la misma situación de inseguridad que ayer, y me temo que igual que la de mañana, y vete tú a saber cuanto tiempo más durará esta incertidumbre con la que está cayendo: un diluvio de frustración que de continuo está poniendo la Democracia a prueba y cuando no en jaque.  Pero está claro que los fastos para celebrar tan prestigiosa victoria tienen que seguir su protocolario curso: Baño de masas por las calles de Madrid en autobús descapotable, Cibeles, TV… hay que seguir al rebaño porque nada podrá detener tan espectacular e histórica celebración: un fiestón de muchos quilates para regocijo de la masa y vítores a los campeones. Ya se que todo este discurso barato que escribo tiene todas las papeletas de ganarse el calificativo de aguafiestas, o amargado. Aunque  en principio me trae al pairo tal epíteto, lo acepto, lo asumo; pero, ¡ostras, Pedrín!, si dejamos que literalmente nos absorba el cerebro esta especie de opio futbolero, sin darle un poco rienda suelta a la auto critica, a cuestionar tanta información abusiva e interesada de los Medios de Comunicación sobre este asunto, a resignarnos y aceptar al fútbol como elemento de distracción espuria acabaremos sometidos a su narcotizante dictadura. Y por ahí no paso. Puedo alegrarme con la victoria de la selección como el que más, pero eso no quita para que siga opinando  que el fútbol sigue siendo  un arma de poder narcotizante que los políticos la utilizan cuando les conviene, mayormente como cortina de humo para que desvíe la atención de lo que  realmente importa y resulta denunciable a todas luces.. Y por cierto, el fútbol hoy en día ha perdido su primigenia esencia, su romanticismo, todo por causa de los dirigentes que mueven el cotarro dentro de los estamentos de la  FIFA y la UEFA. Y es que  Gianni Infantino, Aleksander Ceferín y demás prebostes relacionados con ambas organizaciones Internacionales vinculadas al Fútbol,  lo han convertido en puro y duro negocio para lucrarse. Y el populacho tan entusiasta de este "deporte" , incondicional ahí permanece, lo mimo que una  marioneta manipulable y sometida, porque  sus movimientos están dirigidos por esa chusma de políticos y dirigentes futboleros, cuando sin escrúpulo alguno, manejan sus hilos. ¿Que esto de ganar España por segunda vez el campeonato del mundo es alegría para el cuerpo, y la necesitamos porque debido a tanta incertidumbre  estamos a falta de ella? De acuerdo, lo compro y hasta me me alegra, además lo encuentro estupendo, porque resulta muy loable y brillante  esta “hazaña deportiva”, pero hay un refrán que dice: [i]“Pocas alegrías me da el que a mi padre le llamen tragaldabas y yo sea un muerto de hambre."[/i] Yo ahí lo dejo, y este refrán él quiera entender su moraleja, que la entienda. Y el que no, oye con la morfina que genera  el fútbol uno se puede sentir perfectamente feliz. Y yo no soy quien para matar sus ilusiones. Pero viene bien recordar, que la euforia por el triunfo es pasajera; en cambio las penurias socioeconómicas que  a día de hoy sufre el país se han enquistado de tal manera que se han hecho crónicas, esta circunstancia ocurre  porque igual se grita con más fuerza el marcar un gol que las injusticias, y me temo que a la larga este hecho  hará que el presente esté sobrepasado  de incertidumbres y el futuro naufrague.

jueves, 16 de julio de 2026

Vende patrias


jueves, 9 de julio de 2026

REFLEXIONES DISPERSAS (Julio)

¿Duros a cuatro pesetas?

 

Que razón tenían nuestros mayores cuando expresaban aquél refrán que dice: “Nadie da duros a cuatro pesetas”. Ya de entrada, los refranes son pequeñas dosis de sabiduría popular a los que se hace muy difícil cuestionar su acertada moraleja. Este refrán que he escrito, obviamente está vinculado a la época en que en España circulaba la peseta como moneda oficial, hasta su desaparición en febrero del 2002. Fue sustituida por la moneda oficial de hoy en día: el euro. Por entonces el duro equivalía a cinco pesetas, de ahí el refrán advirtiéndonos que nadie te va a ofrecer algo de gran valor a un precio inferior al real. Obviamente la advertencia nos avisa que lo que se encierra detrás de tan estupenda oferta es la sospecha de un timo y como no estés prevenido de las artimañas de los embaucadores acabarás siendo víctima de su engaño porque nadie te va a regalar nada a cambio de nada. A día de hoy es muy fácil caer en todo tipo de fraudes porque parece que vivimos seducidos por tantos chollos digitales, o a través de un sin fin de aplicaciones que te ofrecen el oro y el moro en cuanto a dinero. También sofistas que pululan por Internet que te venden el éxito en cómodas y accesibles cuotas. ¿Y qué decir de los gurús políticos, esos populistas que con su falaz discurso prometen arreglar crisis estructurales y que tanto emboban a los desencantados de la vida? No se si por comodidad, por indignación, por pasotismo, el caso es que la sociedad parece haber caído en una preocupante credibilidad, dispuesta a comprar todos los chollazos de bienestar que ofertan los “vendehúmos” que sin escrúpulo alguno venden fabulosos paraísos que podremos pagar a cómodos plazos. No nos dejemos engañar por estos aviesos individuos cuyas intenciones son totalmente fraudulentas, porque detrás de cada oferta sospechosamente estupenda, cada descarga gratuita del smarfhone o cada promesa populista se halla gato encerrado. Estoy convencido que todos acabaremos descubriendo el fraude cuando nos percatemos de la letra pequeña que no habíamos leído en su momento, o de la factura encubierta, porque estábamos obnubilados por el discurso o la oferta del farsante de turno. Resulta palmario, que las cosas que de verdad importan, poder obtenerlas sigue costando los recursos económicos, el tiempo y el trabajo que su valor real tiene. No estaría demás recuperar parte de ese antiguo escepticismo de nuestros mayores para protegernos de toda esta especie de “encantadores de serpientes” que utilizan engañosas estrategias de marketing para que caigamos en su trampa y así poder cumplir su objetivo de lucrarse a base de nuestra ingenuidad porque nadie te va a ofrecer un chollo sin obtener nada a cambio. Al fin y al cabo, aunque la peseta sea historia, por muchas ruedas de molino con que nos quieran hacer comulgar los charlatanes, el duro seguirá valiendo cinco pesetas. Digo yo.







Luchar.

 

Por mucho que lo intente la versión oficial de los vencedores,  la memoria histórica que afecta a las víctimas, jamás podrá ser borrada de la Historia.  El recuerdo del horror que han vivido los vencidos,  acaba transformándose  en  lucha  que se  hereda de generación en generación. Un  legado que recogen  los descendientes de todas   las víctimas humilladas, o sometidas,  por  los déspotas de turno    con el fin de    exigir reparación y  justicia,  y sobre todo para salvarla del olvido. Se trata de una lucha permanente, constante, que nunca desfallece,  tal como la pusieron  en práctica, aún a día de hoy la siguen poniendo,    las combativas  Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que luchan por la verdad, la memoria y la justicia,  cuando afirman que “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Por que esta frase lapidaria atribuida  a estas   luchadoras mujeres argentinas, aunque su autor sea el mítico revolucionario Ernesto “Che” Guevara, nos   recuerda que la verdadera derrota solo llega cuando decidimos dejar de intentarlo, porque resulta palmario que el único vencido es el que no lucha.  Un alentador enunciado  que  representa la resiliencia, la perseverancia y la convicción de que mantener vivo el esfuerzo es en sí mismo es una auténtica  victoria. Y siempre hay que tener en cuenta que  las importantes  victorias no se logran de la noche a la mañana. Llevan su tiempo, su dedicación, su sacrificio,  y  se van construyendo  a través de la constancia, la entereza ante los obstáculos que la vida o el destino nos impone como una prueba de fortaleza física y mental, y por supuesto que  también en  el agregado de pequeñas acciones diarias, por que aunque resulten  pequeñas, son de una intrínseca grandeza por que ayudan a conseguir grandes logros. Por que ya se sabe que el éxito, o la victoria,  al final  es la suma de los pequeños y cotidiano esfuerzos que vamos repitiendo día a día. No hay duda de que el esfuerzo  constante es quien al final nos llevará a conseguir los sueños, o los objetivos deseados. Como conclusión a esta reflexión personal, recordaros que luchar no te garantiza que vayas a ganar, pero de lo que estoy plenamente convencido es que rendirse sí que nos garantiza que vamos a ser derrotados.

jueves, 11 de junio de 2026

REFLEXIONES DISPERSAS (Junio)

Jóvenes.

 

"Juventud, divino tesoro te vas para no volver".   Celebre frase que  hasta la saciedad hemos escuchado, y la cual  fue escrita por el poeta nicaragüense Rubén Darío.  Por cierto, pertenece este enunciado  a su famoso poema "Canción de otoño en primavera". Sin duda alguna la juventud es una etapa de la vida que tiene un valor incalculable,  pero por desgracia efímera, por mucho que  a esta edad nos creamos que la vida resulta infinita. Es obvio que el poeta al definirla como “tesoro” quiere darnos a entender  su belleza intrínseca, su vitalidad congénita, de ahí  ese desiderátum por lograr alcanzar la juventud eterna y con el fracaso como norma.  Hasta aquí todo idílico, todo perfecto,  por el carácter único y  extraordinario que física y mentalmente manifiesta la juventud, pero en esta vida siempre existe un pero en forma de hándicap que tristemente acostumbra a echar por tierra todo  lo maravilloso del correspondiente asunto. Y este caso,   la circunstancia desfavorable que acosa permanentemente a la juventud es su futuro al que yo en particular le auguro bastante funesto por razones obvias, y a un presente que es una preocupante realidad. Quedando palmariamente confirmada ambos casos en los trabajos precarios que la mayoría desempeña,  o lo imposible que les resulta acceso a la vivienda. Lamentablemente se trata de jóvenes sin medios ni recursos económicos que posibiliten construir un proyecto familiar. Por este motivo,  no es de extrañar que continúen viviendo muchos de estos jóvenes en el hogar paterno por que les resulta difícil, rayano a la imposibilidad, el  independizarse por los desorbitados precios de la vivienda.  La situación social que a día de hoy, tal como la están viviendo la mayoría de los jóvenes,  con el empleo temporal o de baja calidad y  la imposibilidad de emanciparse es un fracaso del Estado a todas luces. Por mucho que no quieran reconocerlo los políticos de uno u otra índole, y al respecto, nos quieran hacer comulgar con “ruedas de molino”.  Y resulta muy preocupante  que a los jóvenes se les condene a vivir de esta forma marginal por que afecta de manera desfavorable el futuro en su conjunto. Porque  ellos  son el canto de la esperanza, de la luz, del porvenir; todo para  que el mundo  evoluciones de manera positiva. Si se les coaccionan  con trabas de todo tipo a la hora de elegir    desempeñar  libremente la  función que les corresponde, no hay duda que la involución a nivel global se hará una realidad. Y ya se sabe que la involución  implica una regresión, un atraso o la vuelta a un estado previo. Vamos que como dice el tópico “iremos para atrás como el cangrejo”. Y obviamente nada positivo vaticina  tal circunstancia. Por tanto, a quienes competa,  no les pongan obstáculos y apuesten a favor de que puedan    desarrollar todo el potencial que atesoran en beneficio de la Humanidad, por que ellos tienen  el poder absoluto para cambiar el mundo y mejorarlo. Su energía, empatía y visión innovadora son el motor principal para resolver los desafíos globales y construir sociedades más justas.



 Apresurados.

 

Tengo la sensación de que  por causa del  ritmo frenético que nos impone la vida, parece que andamos siempre  a contrarreloj. Pero eso sí, aunque solemos ir de continuo con celeridad,  la mayoría de veces llegamos tarde a todos los sitios, es como si  la vida no nos diera para todo, por el simple hecho de queremos abarcar muchas cosas a la vez  y eso exige tener que realizarlas con  prontitud   para cumplir con los objetivos. Esta circunstancia conlleva a que   siempre estemos agobiados por la falta de tiempo para acabar al final sintiendo una continua  frustración por  ese querer y no poder.  No hay duda de que  somos  esclavos de la inmediatez: el cortoplacismo parece que se ha convertido en una enfermedad crónica de nuestros días.  Queremos al instante   obtener resultados inmediatos, sin considerar las consecuencias que  pueden surgir a largo plazo.  Con lo cual, la falta de planificación o visión de futuro, puede acarrear  consecuencias nefastas. Y es aquí donde toma forma el real ese tópico de “pan para hoy y hambre para mañana”. Por que obviamente nada positivo puede traernos el vivir constantemente encadenados a la prisa. Mala compañera de vida, sin duda.   Por otra parte, tendemos a vivir con mucha angustia por estar siempre pendientes de lo que vamos a hacer para  ponerlo de inmediato en marcha, todo ello con la finalidad de   vivir apresuradamente el momento y exprimir al máximo cada instante. Por que hay quien tiene el convencimiento de que si no se  actúa de modo apresurado se está perdiendo el tiempo. A mi juicio, quien tenga esta idea, podría estar equivocado, porque el concepto de pérdida de tiempo es muy relativo porque perfectamente se puede substituir la supuesta pérdida  en un hábito de aplazar tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más placenteras o irrelevantes. Aunque, no estaría de más de vez en cuando perder el tiempo a conciencia, a fin de abandonarnos  a la pereza total, que a buen seguro es una manera ideal de procesar la suficiente  energía  aséptica que sirva para  limpiar nuestro cerebro  de neuronas tóxicas, como  resultan ser el estrés o la ansiedad, por desgracia tan presentes en nuestra sociedad actual. Llegando a este punto de angustia generada por el ritmo frenético que a día de hoy  impone nuestra  forma de vida, sería conveniente aproximarnos lo más cercano posible a la calma. Dejar de programar menos, y hacer pausas y conectar más  con uno mismo y sobre todo,  no dejar que siga el presente reducido a un instante.  Hay que recuperar el culto a la espera, disfrutar de su  placer que viene a ser   equivalente a sosiego. Por que no tengo la menor duda de que, en el filo de la navaja que muestra esa inmediatez “de lo quiero para ayer”,   no se puede vivir siempre. Acabaremos psicológicamente  hechos unos zorros, si es que no lo estamos ya con tanto estrés crónico, que está poniendo  en un serio riesgo   la salud física y mental y con ello hacer verdaderos  estragos en nuestra calidad de vida, haciendo que disminuya considerablemente.

martes, 26 de mayo de 2026

Abrazar


domingo, 10 de mayo de 2026

REFLEXIONES DISPERSAS (Mayo)

Médicos.

 

Qué pronto se ha olvidado  en este país la función tan  importante y sacrificada que desempeñaron   los profesionales de la salud durante la pandemia. Fueron vistos como héroes por entonces por salvarnos y cuidarnos abnegadamente, aún poniendo en riesgo su propia vida.  De ahí el agradecimiento de forma colectiva de los ciudadanos con sus aplausos desde  los balcones   cada día sobre la 8 de la tarde. Pero como indico, el olvido y el  ser “malagradecidos”  se apoderado de la mayoría de todos nosotros, por ende,  nos hemos vuelto indiferentes ante  la importantísima y vital labor  que desempeñan  los facultativos  sanitarios.  Si por entonces los aplausos fueron un signo de gratitud, ahora cualquier distintivo   se podría haber colgado en los balcones que indique  solidaridad con sus justas reivindicaciones. Pero apatía total al respecto. Por esta   razón  se encuentran  completamente solos en pleno conflicto profesional, reivindicando sus derechos laborales, sin contar para nada con el apoyo de quienes por entonces les vieron como héroes.  Convocado las correspondientes huelgas como medida de presión Cierto que este conflicto de los profesionales de la salud, está colapsando más si cabe el sistema sanitario por que cancela las citas y agrava las listas de espera. Pero  por mucho que nos traiga de cabeza esta conflictiva circunstancia,    los médicos  están en su derecho de exigir condiciones laborales dignas.  Así como  el rechazo del nuevo Estatuto Marco propuesto por  Ministerio de Sanidad que no protege a su profesión y empeora sus condiciones laborales. Y principalmente, la eliminación de las guardias de 24 horas.   Por que no creo yo que a nadie le  parezca mal que exijan no sufrir las agotadoras  jornadas laborales de 24 horas; que por cierto, tantas horas al final va en detrimento de los  pacientes. Lo normal es  que se acabe por cuestionar  su modus operandi  porque no hay hijo de madre   que  física y psicológicamente   aguante en perfectas condiciones las 24 horas al pie del cañón. Y luego, puede pasar  lo que pasa: que una mala praxis médica te manada criar malvas. Con todo el drama y el papeleo judicial a cuenta de las demandas   que conlleva este hecho. Por nuestra seguridad, hay que cuidar y proteger, y en especial valorar,  más a los profesionales de la salud, que resultan indispensables y totalmente necesarios. No es de recibo dar por hecho que siendo la medicina una profesión vocacional, quienes la practican deban sacrificar su salud física y mental, como su derecho al descanso y por supuesto también correr en riesgo su propia vida. Este asunto deja bien a las claras que  urge poner toda nuestra atención y empatía, por razones obvias, al personal sanitario    y no en personajes y personajillos del mundo de la farándula y el deporte  por que  el valor intrínseco que aportan a la sociedad es nulo.  

 





 

Vivir con prisa

 

Tengo la sensación de que  por causa del  ritmo frenético que nos impone la vida, parece que andamos siempre  a contrarreloj. Pero eso sí, aunque solemos ir de continuo con celeridad,  la mayoría de veces llegamos tarde a todos los sitios, es como si  la vida no nos diera para todo, por el simple hecho de queremos abarcar muchas cosas a la vez  y eso exige tener que realizarlas con  prontitud   para cumplir con los objetivos. Esta circunstancia conlleva a que   siempre estemos agobiados por la falta de tiempo para acabar al final sintiendo una continua  frustración por  ese querer y no poder.  No hay duda de que  somos  esclavos de la inmediatez: el cortoplacismo parece que se ha convertido en una enfermedad crónica de nuestros días.  Queremos al instante   obtener resultados inmediatos, sin considerar las consecuencias que  pueden surgir a largo plazo.  Con lo cual, la falta de planificación o visión de futuro, puede acarrear  consecuencias nefastas. Y es aquí donde toma forma el real ese tópico de “pan para hoy y hambre para mañana”. Por que obviamente nada positivo puede traernos el vivir constantemente encadenados a la prisa. Mala compañera de vida, sin duda.   Por otra parte, tendemos a vivir con mucha angustia por estar siempre pendientes de lo que vamos a hacer para  ponerlo de inmediato en marcha, todo ello con la finalidad de   vivir apresuradamente el momento y exprimir al máximo cada instante. Por que hay quien tiene el convencimiento de que si no se  actúa de modo apresurado se está perdiendo el tiempo. A mi juicio, quien tenga esta idea, podría estar equivocado, porque el concepto de pérdida de tiempo es muy relativo porque perfectamente se puede substituir la supuesta pérdida  en un hábito de aplazar tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más placenteras o irrelevantes. Aunque, no estaría de más de vez en cuando perder el tiempo a conciencia, a fin de abandonarnos  a la pereza total, que a buen seguro es una manera ideal de procesar la suficiente  energía  aséptica que sirva para  limpiar nuestro cerebro  de neuronas tóxicas, como  resultan ser el estrés o la ansiedad, por desgracia tan presentes en nuestra sociedad actual. Llegando a este punto de angustia generada por el ritmo frenético que a día de hoy  impone nuestra  forma de vida, sería conveniente aproximarnos lo más cercano posible a la calma. Dejar de programar menos, y hacer pausas y conectar más  con uno mismo y sobre todo,  no dejar que siga el presente reducido a un instante.  Hay que recuperar el culto a la espera, disfrutar de su  placer que viene a ser   equivalente a sosiego. Por que no tengo la menor duda de que, en el filo de la navaja que muestra esa inmediatez “de lo quiero para ayer”,   no se puede vivir siempre. Acabaremos psicológicamente  hechos unos zorros, si es que no lo estamos ya con tanto estrés crónico, que está poniendo  en un serio riesgo   la salud física y mental y con ello hacer verdaderos  estragos en nuestra calidad de vida, haciendo que disminuya considerablemente.

 

Amor.

 

Recuerda que el amor no se valora, ni se mide, por la intensidad del momento, ni por la eternidad con que lo idealizamos, sino por la huella que deja en el corazón cuando se rompe.

jueves, 9 de abril de 2026

REFLEXIONES DISPERSAS (Abril)


 

Utopía.

 

Desconozco  si en algún momento os habéis hecho la pregunta de para qué sirve la ilusión, o la utopía, ya que ambas están vinculadas a la necesidad y el deseo de soñar. La utopía como sabrán  está relacionado con lo imposible, lo inalcanzable y en sí misma resulta  pura y dura distancia a la hora de lograr metas personales. Aún así, vamos a suponer que por mucho que lo deseamos, no conseguimos el objetivo de verse  el  sueño cumplido,   porque cuando creemos que ya está a nuestro alcance lograrlo, de la misma más se va alejando,  y al final acabamos convenciéndonos de que la lejanía va a ser insalvable y  nunca lo veremos cumplido, con lo cual el desiderátum será permanente; lo mismo que permanecerá sécula  seculorum la interrogante que nos lleva a la conclusión de lo inservible que resulta ser el concepto utopía. Aunque bueno,  puede que la conclusión sea un tanto errática porque a mi juicio  el deseo o necesidad de soñar   sirve para caminar,  seguir hacia delante.  Y mientras nuestros pasos continúen activos es señal inequívoca de que aún seguimos vivos y con ambición y esperanza  de dar sentido a la vida, o marcar el rumbo hacia un destino particular y social mejor.  Desde luego que en el plano social, por muy inalcanzable que nos resulte,  la utopía sirve para tratar de hacer un mundo mejor, más justo, más avanzado hacia la empatía, la concordia…es una motivación constante seguir creyendo en ella, sin duda. Estoy convencido de que siempre nos  aportará esa dosis necesarias de ilusión para que de conformidad al tópico de que “de sueños también se vive”. Es de recibo reconocer que soñar tiene su importancia porque resalta la ilusión y la esperanza  por alcanzar metas particulares que alimenten el espíritu, de esta manera tendremos la posibilidad de  hallar satisfacción vital, más allá de la mera supervivencia física.   Al menos mientras tengamos reactivada la ilusión por la utopía estaremos muy  alejados de su antitesis  como es la  distopía. Ambas son completamente opuestas, una busca la felicidad plena, en cambio la otra advierte de un futuro apocalíptico.  Por ende, como una palmaria urgencia siempre habrá que estar disponibles  a  todo cuanto nos brinde la oportunidad de lograr  un mundo más sociable, o una situación personal satisfactoria,   por  mucho  sigamos  con la incertidumbre  de hacernos la pregunta  de si sirve  para algo el culto a la utopía.





 

Maldad.


Parece ser que todos tenemos un rasgo oscuro en nuestra personalidad, dicho por boca de los psicólogos y los científicos sociales. Esa oscura característica la nombran como “factor D” y está intrínsicamente vinculado a la maldad. Por lo que se ve, nadie se libra de poseer un rasgo maquiavélico en su genética, el cual, dependiendo de la intensidad con que pongamos en práctica la perversidad, indicará lo potencialmente que puede llegar a ser nuestra predisposición para hacer el mal. Por ser un profano en esta cuestión, no voy a poner en duda las explicaciones que los profesionales en este asunto nos dan acerca de que la maldad forma parte congénita en el ser humano, pero en cambio si que me a trevo a opinar el que existe en la actualidad un idóneo caldo de cultivo para que aumente el factor D, porque vivimos unas condiciones sociales bastante complejas y difíciles, como son la corrupción, la desigualdad, la violencia, la ausencia de estado de derecho, etc. las cuales influyen sobre el comportamiento de las personas haciéndolas más aversivas, que nos es otra cosa que malignas. Por desgracia hoy en día un claro ejemplo de la perversidad es el petulante presidente de los EE. UU. Donald Trup, que toda la maldad que puede haber en este mundo, él la personifica. Debido a su palmaria vileza, con toda probabilidad creo que tenga el factor D elevadísimo. Y para mayor desgracia, irá in crescendo con el paso del tiempo, porque el rasgo de psicópata que posee, es factor determinante para que su perversión aumente y a su vez se cronifique, para así continuar haciendo daño, tanto al planeta como a las personas que lo habitan. Pero de la misma calaña que el presidente yanki, a lo largo de la Historia ha habido otros malvados autócratas con relevante poder político que han hecho numerosísimo mal a la Humanidad. Volviendo al asunto que nos concierne, habrá que preguntarse que hacer para evitar que en nuestra sociedad el factor D aumente. Posiblemente tratar de no normalizar la maldad, y sobre todo, que obtenga recompensa el comportarse bien con nuestros semejantes. Desde luego que la voluntad tajante de cambiar debe ser premisa crucial, sin ella seguiremos sometidos a las imposiciones del Factor D. Y me temo que puede resultar una vida poco agradable poner en práctica con frecuencia comportamientos infames. Y por cierto, el ser maligno, no tiene que ver con la inteligencia, ni con la educación. A buen seguro, que conoceréis a más de una persona aparentemente bien educada o inteligente, pero que en sus adentros esconde una maldad absoluta.

 

Tener.

                                   

Cada vez estoy más convencido que los graves problemas de este mundo guardan relación con el error de no querer saber lo poco que necesitamos para vivir y lo mucho que obsesivamente queremos tener. Y al final, tanto y tanto tener, va a resultar inútil porque nos iremos de esta vida tal como venimos: absolutamente sin NADA.