Con la llegada de Septiembre, parece que nos
envuelve la sensación de que el verano se va terminando y en la distancia
aparentemente la estación del otoño tiende a dejarse notar ligeramente con sus
respectivos síntomas. Aunque somos conscientes de que el calor estival continua
reacio a desaparecer, por tanto, debido al evidente cambio climático, el que
aparezca de nuevo otra asfixiante ola de calor en pleno mes de Septiembre, a
nadie caerá de sorpresa. Lo que resulta palmario es que progresivamente el verano
a finales del mes en curso, entre la levedad y el sosiego, se ira retirando a
sus cuarteles, dejándonos la nostalgia de sus lejanos días perdidos. Cuando
llegue este momento de remembranza, será entonces la ocasión idónea para
recordar esos días pasados sin aparente prisa y de lento despertar que suele
dar un respiro a las rutinas rígidas. Donde pudimos disfrutar de sus largas
noches cálidas, las cuales todavía nos gustará retener en la memoria porque nos
siguen generando placidez. También en la memoria nos quedará la amplia lista de
canciones veraniegas, que a menudo por pura diversión, o por inercia,
bailoteábamos en las populares verbenas nocturnas que se organizaban al aire
libre en las plazas de los pueblos; y cuando no, solíamos escucharlas en los diferentes
chiringuitos playeros y terrazas de los bares. (Bailable o no, confieso que me
resulta un empacho este tipo de música tan insubstancial, la verdad) Fueron
momentos de aferrarse a la calidez del aire en que nos mecíamos plácidamente
arropados por nuestro bienestar. De disfrutar del agua deseada en todas sus
variantes, sin el menor temor de acabar siendo náufragos del aburrimiento. Era
pedacitos de vida alegre en complacencia con la felicidad. ¡Cómo abrazábamos y
amábamos a las cosas simples e intensas que llevaban marchamen de verano pero
que fuera de ésta época no llegamos a apreciar en lo cotidiano!. Echaremos de
menos ese silencio apacible, en calma. Evitando en lo posible que nos siguieran
machacándoos con ese ruido espeluznante de los telediarios, aunque sabíamos
sobradamente que el drama humano seguía sin dar tregua en verano, pero pura
necesidad psicológica y vital, había que darse un respiro. Y simplemente vivir
en conexión con las cosas sencillas, las que suelen estar pegadas al corazón y alma,
y que tanta paz y relax interior nos ofrecen. Ahora, como indico, estamos
iniciamos el mes de Septiembre, y más pronto que tarde empezaremos a soportar
la rigurosa rutina de costumbre, con sus estrictas reglas y horarios. Y el
drama humano, sin evasivas, continuará dándonos de lleno para despertar
conciencias y estimular la empatía. El ciclo del tiempo no para, transcurre de
forma continua e inexorable, marcando el ritmo de la vida y la constante
transformación de todo lo que nos rodea. Pero estoy seguro, que mientras este
ciclo, o bucle temporal siga su curso, durante el resto del año estaremos
haciendo planes para las próximas vacaciones de verano, a fin de vivir de nuevo
la magia de ese tiempo estival que en mi opinión, tiene algo de paréntesis y algo
de comienzo y desde luego el tiempo adquiere otra dimensión vital.
Amar.
Que razón tiene el ilustre autor francés Antonie de Saint-Exupéry al dejar escrito en su mítica obra “El Principito” aquello de:“Amar no es mirarse a los ojos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”. Pero está muy claro que alcanzar esa mirada compartida requiere su tiempo y un descubrimiento pausado del otro. Lo que me resulta palmario es que las miradas en la misma dirección significan realmente amar, porque a mi juicio mirarse embobalicados el uno al otro a los ojos, se trata más de enamoramiento. que puramente amar. Porque si sólo existen esas aturdidas miradas mutuas y luego la visión de cada uno toma direcciones distintas sustancialmente no sirve de mucho. Desde luego que enamorarse parece ser cosa sencilla, en cambio para hacer que una relación se consolide puede resulta muy complejo. Y es que cuando la consolidación depende de un proceso emocional, entre otros, el resultado normalmente es muy complicado. Por descontado que el mirarse fijamente embobados el uno al otro no resulta nada malo, al contrario, lo que sucede es que amar requiere otras cosas intrínsecas y únicamente eso no alcanza. Y cuando ambos miran en una misma dirección es crear juntos un proyecto de vida, de futuro, y a la vez construir un verdadero y duradero amor. Lo que se conoce como amar en realidad requiere caminar juntos, pero eso sí, siempre respetando los tiempos y el espacio de cada uno. No hay duda de que el amor florece, o va creciendo, con los momentos y la visión compartida. Y sobre todo, la reciprocidad debe estar muy presente en cada paso porque es factor determinante para que el sentimiento de amar funcione correcta y esencialmente. Lo que resulta obvio es que vivir en compañía con otra persona a la que amas, requiere y necesita mucha entrega, mucho poner de tu parte, y a veces hasta renunciar a ti, y vivir por él si es necesario. Es evidente que tú también solicitas que esa persona actúe del mismo modo. Y ahí es donde la reciprocidad deber aparecer para jugar su papel determinante. No es conveniente echarse en cara quien pone más de su parte, porque la culpabilidad puede acabar generando esa sensación de que, a pesar de que compartamos el mismo hogar, la misma cama, acabar sintiendo que estamos a kilómetros de distancia. Con lo cual, corre el riesgo de consumarse lo inevitable: que la pareja naufrague. Por cierto, según tengo entendido, las parejas que perduran no son aquellas que menos discuten, que sería lo normal, sino las que mejor saben reconciliarse después de un desencuentro. Supongo que será mucha la capacidad de escucha y de asumir responsabilidades lo que mostrarán mutuamente cuando las emociones se enfríen para alcanzar una reconciliación saludable. Por mucho que creamos que esto de la química del amor y la construcción de una pareja duradera es cuestión de suerte, me temo que andamos equivocados, porque se trata mayormente de habilidades que si se quiere se pueden aprender, desarrollarlas según nuestra capacidad y en especial fortalecer. Y practicarlas, o ponerlas en marcha, dependerá mucho de la pericia personal de cada uno.

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