¿Duros a cuatro pesetas?
Que razón tenían nuestros mayores cuando expresaban aquél refrán que dice: “Nadie da duros a cuatro pesetas”. Ya de entrada, los refranes son pequeñas dosis de sabiduría popular a los que se hace muy difícil cuestionar su acertada moraleja. Este refrán que he escrito, obviamente está vinculado a la época en que en España circulaba la peseta como moneda oficial, hasta su desaparición en febrero del 2002. Fue sustituida por la moneda oficial de hoy en día: el euro. Por entonces el duro equivalía a cinco pesetas, de ahí el refrán advirtiéndonos que nadie te va a ofrecer algo de gran valor a un precio inferior al real. Obviamente la advertencia nos avisa que lo que se encierra detrás de tan estupenda oferta es la sospecha de un timo y como no estés prevenido de las artimañas de los embaucadores acabarás siendo víctima de su engaño porque nadie te va a regalar nada a cambio de nada. A día de hoy es muy fácil caer en todo tipo de fraudes porque parece que vivimos seducidos por tantos chollos digitales, o a través de un sin fin de aplicaciones que te ofrecen el oro y el moro en cuanto a dinero. También sofistas que pululan por Internet que te venden el éxito en cómodas y accesibles cuotas. ¿Y qué decir de los gurús políticos, esos populistas que con su falaz discurso prometen arreglar crisis estructurales y que tanto emboban a los desencantados de la vida? No se si por comodidad, por indignación, por pasotismo, el caso es que la sociedad parece haber caído en una preocupante credibilidad, dispuesta a comprar todos los chollazos de bienestar que ofertan los “vendehúmos” que sin escrúpulo alguno venden fabulosos paraísos que podremos pagar a cómodos plazos. No nos dejemos engañar por estos aviesos individuos cuyas intenciones son totalmente fraudulentas, porque detrás de cada oferta sospechosamente estupenda, cada descarga gratuita del smarfhone o cada promesa populista se halla gato encerrado. Estoy convencido que todos acabaremos descubriendo el fraude cuando nos percatemos de la letra pequeña que no habíamos leído en su momento, o de la factura encubierta, porque estábamos obnubilados por el discurso o la oferta del farsante de turno. Resulta palmario, que las cosas que de verdad importan, poder obtenerlas sigue costando los recursos económicos, el tiempo y el trabajo que su valor real tiene. No estaría demás recuperar parte de ese antiguo escepticismo de nuestros mayores para protegernos de toda esta especie de “encantadores de serpientes” que utilizan engañosas estrategias de marketing para que caigamos en su trampa y así poder cumplir su objetivo de lucrarse a base de nuestra ingenuidad porque nadie te va a ofrecer un chollo sin obtener nada a cambio. Al fin y al cabo, aunque la peseta sea historia, por muchas ruedas de molino con que nos quieran hacer comulgar los charlatanes, el duro seguirá valiendo cinco pesetas. Digo yo.
Luchar.
Por mucho que lo intente la versión oficial de los vencedores, la memoria histórica que afecta a las víctimas, jamás podrá ser borrada de la Historia. El recuerdo del horror que han vivido los vencidos, acaba transformándose en lucha que se hereda de generación en generación. Un legado que recogen los descendientes de todas las víctimas humilladas, o sometidas, por los déspotas de turno con el fin de exigir reparación y justicia, y sobre todo para salvarla del olvido. Se trata de una lucha permanente, constante, que nunca desfallece, tal como la pusieron en práctica, aún a día de hoy la siguen poniendo, las combativas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que luchan por la verdad, la memoria y la justicia, cuando afirman que “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Por que esta frase lapidaria atribuida a estas luchadoras mujeres argentinas, aunque su autor sea el mítico revolucionario Ernesto “Che” Guevara, nos recuerda que la verdadera derrota solo llega cuando decidimos dejar de intentarlo, porque resulta palmario que el único vencido es el que no lucha. Un alentador enunciado que representa la resiliencia, la perseverancia y la convicción de que mantener vivo el esfuerzo es en sí mismo es una auténtica victoria. Y siempre hay que tener en cuenta que las importantes victorias no se logran de la noche a la mañana. Llevan su tiempo, su dedicación, su sacrificio, y se van construyendo a través de la constancia, la entereza ante los obstáculos que la vida o el destino nos impone como una prueba de fortaleza física y mental, y por supuesto que también en el agregado de pequeñas acciones diarias, por que aunque resulten pequeñas, son de una intrínseca grandeza por que ayudan a conseguir grandes logros. Por que ya se sabe que el éxito, o la victoria, al final es la suma de los pequeños y cotidiano esfuerzos que vamos repitiendo día a día. No hay duda de que el esfuerzo constante es quien al final nos llevará a conseguir los sueños, o los objetivos deseados. Como conclusión a esta reflexión personal, recordaros que luchar no te garantiza que vayas a ganar, pero de lo que estoy plenamente convencido es que rendirse sí que nos garantiza que vamos a ser derrotados.
