jueves, 11 de junio de 2026

REFLEXIONES DISPERSAS (Junio)

Jóvenes.

 

"Juventud, divino tesoro te vas para no volver".   Celebre frase que  hasta la saciedad hemos escuchado, y la cual  fue escrita por el poeta nicaragüense Rubén Darío.  Por cierto, pertenece este enunciado  a su famoso poema "Canción de otoño en primavera". Sin duda alguna la juventud es una etapa de la vida que tiene un valor incalculable,  pero por desgracia efímera, por mucho que  a esta edad nos creamos que la vida resulta infinita. Es obvio que el poeta al definirla como “tesoro” quiere darnos a entender  su belleza intrínseca, su vitalidad congénita, de ahí  ese desiderátum por lograr alcanzar la juventud eterna y con el fracaso como norma.  Hasta aquí todo idílico, todo perfecto,  por el carácter único y  extraordinario que física y mentalmente manifiesta la juventud, pero en esta vida siempre existe un pero en forma de hándicap que tristemente acostumbra a echar por tierra todo  lo maravilloso del correspondiente asunto. Y este caso,   la circunstancia desfavorable que acosa permanentemente a la juventud es su futuro al que yo en particular le auguro bastante funesto por razones obvias, y a un presente que es una preocupante realidad. Quedando palmariamente confirmada ambos casos en los trabajos precarios que la mayoría desempeña,  o lo imposible que les resulta acceso a la vivienda. Lamentablemente se trata de jóvenes sin medios ni recursos económicos que posibiliten construir un proyecto familiar. Por este motivo,  no es de extrañar que continúen viviendo muchos de estos jóvenes en el hogar paterno por que les resulta difícil, rayano a la imposibilidad, el  independizarse por los desorbitados precios de la vivienda.  La situación social que a día de hoy, tal como la están viviendo la mayoría de los jóvenes,  con el empleo temporal o de baja calidad y  la imposibilidad de emanciparse es un fracaso del Estado a todas luces. Por mucho que no quieran reconocerlo los políticos de uno u otra índole, y al respecto, nos quieran hacer comulgar con “ruedas de molino”.  Y resulta muy preocupante  que a los jóvenes se les condene a vivir de esta forma marginal por que afecta de manera desfavorable el futuro en su conjunto. Porque  ellos  son el canto de la esperanza, de la luz, del porvenir; todo para  que el mundo  evoluciones de manera positiva. Si se les coaccionan  con trabas de todo tipo a la hora de elegir    desempeñar  libremente la  función que les corresponde, no hay duda que la involución a nivel global se hará una realidad. Y ya se sabe que la involución  implica una regresión, un atraso o la vuelta a un estado previo. Vamos que como dice el tópico “iremos para atrás como el cangrejo”. Y obviamente nada positivo vaticina  tal circunstancia. Por tanto, a quienes competa,  no les pongan obstáculos y apuesten a favor de que puedan    desarrollar todo el potencial que atesoran en beneficio de la Humanidad, por que ellos tienen  el poder absoluto para cambiar el mundo y mejorarlo. Su energía, empatía y visión innovadora son el motor principal para resolver los desafíos globales y construir sociedades más justas.



 Apresurados.

 

Tengo la sensación de que  por causa del  ritmo frenético que nos impone la vida, parece que andamos siempre  a contrarreloj. Pero eso sí, aunque solemos ir de continuo con celeridad,  la mayoría de veces llegamos tarde a todos los sitios, es como si  la vida no nos diera para todo, por el simple hecho de queremos abarcar muchas cosas a la vez  y eso exige tener que realizarlas con  prontitud   para cumplir con los objetivos. Esta circunstancia conlleva a que   siempre estemos agobiados por la falta de tiempo para acabar al final sintiendo una continua  frustración por  ese querer y no poder.  No hay duda de que  somos  esclavos de la inmediatez: el cortoplacismo parece que se ha convertido en una enfermedad crónica de nuestros días.  Queremos al instante   obtener resultados inmediatos, sin considerar las consecuencias que  pueden surgir a largo plazo.  Con lo cual, la falta de planificación o visión de futuro, puede acarrear  consecuencias nefastas. Y es aquí donde toma forma el real ese tópico de “pan para hoy y hambre para mañana”. Por que obviamente nada positivo puede traernos el vivir constantemente encadenados a la prisa. Mala compañera de vida, sin duda.   Por otra parte, tendemos a vivir con mucha angustia por estar siempre pendientes de lo que vamos a hacer para  ponerlo de inmediato en marcha, todo ello con la finalidad de   vivir apresuradamente el momento y exprimir al máximo cada instante. Por que hay quien tiene el convencimiento de que si no se  actúa de modo apresurado se está perdiendo el tiempo. A mi juicio, quien tenga esta idea, podría estar equivocado, porque el concepto de pérdida de tiempo es muy relativo porque perfectamente se puede substituir la supuesta pérdida  en un hábito de aplazar tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más placenteras o irrelevantes. Aunque, no estaría de más de vez en cuando perder el tiempo a conciencia, a fin de abandonarnos  a la pereza total, que a buen seguro es una manera ideal de procesar la suficiente  energía  aséptica que sirva para  limpiar nuestro cerebro  de neuronas tóxicas, como  resultan ser el estrés o la ansiedad, por desgracia tan presentes en nuestra sociedad actual. Llegando a este punto de angustia generada por el ritmo frenético que a día de hoy  impone nuestra  forma de vida, sería conveniente aproximarnos lo más cercano posible a la calma. Dejar de programar menos, y hacer pausas y conectar más  con uno mismo y sobre todo,  no dejar que siga el presente reducido a un instante.  Hay que recuperar el culto a la espera, disfrutar de su  placer que viene a ser   equivalente a sosiego. Por que no tengo la menor duda de que, en el filo de la navaja que muestra esa inmediatez “de lo quiero para ayer”,   no se puede vivir siempre. Acabaremos psicológicamente  hechos unos zorros, si es que no lo estamos ya con tanto estrés crónico, que está poniendo  en un serio riesgo   la salud física y mental y con ello hacer verdaderos  estragos en nuestra calidad de vida, haciendo que disminuya considerablemente.

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